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Tiempo no me espera, Tiempo huye de mí

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Imagen creada por mí (Marina Morell)
Tiempo. Tiempo es aquello que siempre nos falta, y aquello por lo que estaríamos dispuestos a pagar grandes sumas de dinero con tal de conseguirlo; y no solo eso, también estamos dispuestos a perder el tiempo buscando la forma perfecta de que no se nos gaste. Y casi sin pensar, perdemos la mitad del tiempo dándonos de cabezazos contra nosotros mismos: porque nuestra ironía es nuestra mayor trampa. Me falta tiempo, es cierto, tiempo para decir, para hacer. O simplemente tiempo para mí, tiempo para pensar, para ser. Y mientras busco la forma de ganar tiempo, lo pierdo pensando cuál será el plan. Y me quedo sin tiempo para mí, sin tiempo para ser, y sin tiempo que compartir con los demás. Yo sola soy mi mundo, y me pierdo, como nos perdemos todos, en el hoyo donde el tiempo parece pasar el doble de rápido.
Enviat per : Marina Morell
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Pisando agua, creando comienzos

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Imagen extraída del blog Meu Olhar (Meu Olhar)
Salí de casa casi por accidente; con los patines mal ajustados, la camisa de excusas al revés y los pantalones cortos de suspiros de amor algo caídos. Habiéndome levantado hacía apenas media hora, y aún sabiendo que iba a llover de mala manera, una migaja de silencio me recordó que era el día de encontrarte.

Corrí aprisa contra el viento, con mis pantalones cortos de loca chiflada, y entré en la parada de metro empapada de ilusiones y de cuentos de hadas. Llegué pronto y sin saber qué dirección tomar ni qué vagón escoger para conocerte. Llegué sin saber dónde estabas.

Fui hacia la izquierda porque un impulso me tentó, y habiendo caído en tal tentación entré en el vagón que hacía siete desde la parte trasera del metro. Lo escogí porque estaba perfectamente calculado: con un cincuenta por ciento de error o éxito. Lo escogí porque sí, porque no y porque quizás. No podía haber nada más preciso.

Anduve de extremo a extremo del vagón; me paseé casi persiguiendo las frases exactas que mi mente dibujaba en mi subconsciente; y casi sin querer, como soñadora aferrada a encontrar la palabra perfecta para describir la vida en un sueño, el equilibrio de las frases se perdió como el de mis piernas al frenar el metro bruscamente.

Era esa la parada, pero estaba tan metida en el papel de soñadora que perdí los papeles y mi mente escribió en el aire, y yo solo podía quedarme mirando a la nada con cara de satisfacción, como cuando un niño sonríe sin entender nada. Me pasé la parada, y estaba segura de que estabas allí.

Una extraña sensación de vacío recorrió mi espalda y se clavó en mi pecho como un sorbo de whiskey y una calada a un cigarro. Lo sabía, sabía que debería haber bajado en esa parada; que no debería haber seguido hasta tan lejos, que no debería haberme alejado de la orilla de tu alma.

Aún en el tren, y maldiciéndome de diez maneras distintas, me senté en el suelo entristecida como niña al descubrir que los sueños solo viven en la mente. No había sabido bajar a tiempo, había dejado atrás mi destino… me había arrebatado a mí misma la oportunidad de verte por primera vez.

Habiendo salido de casa con la ilusión de siete años, volví teñida de azul, descosiendo sueños y dibujando realidades. Nunca más volví a buscarte, es cierto; pero créeme, nunca fue tan sencillo lamentarme, ni tan complicado echarte de menos.
Enviat per : Marina Morell
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Cree en ti, y nada podrá pararte

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El pasado enseña, el presente deja que vivas y el futuro te da la oportunidad. Es así, no hay vuelta de hoja: el miedo es la peor barrera; y la seguridad de tener la razón, el peor impedimento moral. Las piedras no tropiezan, nosotros sí. Y no existe mejor método. Tropezar implica nacer de nuevo, recrearse en lo que se hace mal, y animarse a ser más hábil que ayer: tanto en palabras como en silencios.

Imagen extraída de devianART (Foxy-Feet)
Las hojas secas caen, y nosotros sentimos esa impetuosa necesidad de pisarlas, de sentir el dulce crujir de los malos ratos vividos y de aprender a valorar esa tristeza sonriendo al escuchar ese sonido que huele a otoño primerizo. El calendario avanza, y nosotros con él: no hay mayor verdad, ni mayor regalo.

El secreto del buen vino es beberlo tarde, porque el sabor se concentra y el gusto recuerda que el tiempo esperado nunca fue perdido, y nunca fue en vano. Las uvas usadas en ese vino tampoco fueron pisoteadas en vano, se convirtieron en algo mejor; le dieron olor y gusto a la nariz y a las papilas gustativas de los que han sabido aprender que envejecer no siempre es malo.

Y ya sin más rodeos, digo que envejecer forma parte del ciclo sin fin, del morir perdurando y del vivir aprovechando cada enseñanza. Que no hay viejo más sabio que el que ha aprendido a morir viviendo, y ha muerto viviendo a cada segundo. Porque las hojas, las uvas y las piedras se pisan; pero el sonido, el aprendizaje y la espera se valoran.
Enviat per : Marina Morell
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