miércoles, 30 de mayo de 2012

Quiero vivir del aire, quiero salir de aquí

Le corresponde a la vida pasar sin avisar, querer ser aire que se escape del alcance de los soñadores. Le corresponde dar y quitar el caramelo de la paz, arrebatar finales, buenos y malos, dejar vivir a las buenas intenciones o matarlas de un solo golpe. Sin embargo, nosotros, los que soñamos, los que dormimos la vida y despertamos en ilusiones, queremos ser aire que se escape del alcance de la vida, queremos escapar entre tanto cemento, sorber de la pajita de la ‘no necesidad’, ser valientes acobarándonos de nosotros mismos, y ser cobardes ante la valentía de los demás. A la vida le corresponde ser, sin más, y a nosotros nos corresponde decidir si vivirla o esquivarla, y ni cómo vivirla es más que un sinsentido añadido a la pena de lo incierto, ni esquivarla es darle la espalda al mundo, porque lo que nos corresponde es decidir, y eso es lo único que termina pesando, ya que el tiempo corre y nosotros nos incubamos en él, y los años pasan, y las decisiones pesan dentro de ellos.

domingo, 13 de mayo de 2012

Sonreír a cualquier precio

Hubo un tiempo en el que me sentí fuera de lugar, sin saber exactamente cuando ni por qué razón, sin saber cuál era mi sitio. Supongo que a todos nos ha llegado ese día en el que pensamos que nunca seremos lo suficientemente buenos para los demás; y ese día, me tocó a mí.

Desde aquel día me planteé muchas metas, y muchas de ellas no se aguantaban por ningún lado. Pero hubo una que me marcó especialmente: sonreír a cualquier precio. Esa era la pieza que me llevaba faltando desde hacía tantísimo tiempo. Cuando lo comprendí, se me escapó una sonrisa. Esa meta era la única que funcionaba, podía cumplirla. Y contra más lo pensaba más sonreía.

Así fue, al cabo de un tiempo mi meta seguía igual de lejos, pero en el camino hacia ella, no dejaba de sonreír. Al final resultó que el puzzle se completó por casualidad, fuera de lo planeado, porque sonreír es la mayor improvisación del ser humano. Y aun así, cada segundo parecía haber sido ensayado toda una vida.

Aún ahora sigo sin dar crédito a que ocurriera así, sin embargo, tengo la grata sensación de ser libre y feliz desde entonces. La libertad me hizo disfrutar de lo que soy y de lo que quiero ser, y me devolvió la satisfacción y la confianza en mí misma que creía haber perdido.

miércoles, 9 de mayo de 2012

Arriesgar la vida por un cuento de hadas

Somos humanos, tendemos a olvidar las mejores enseñanzas. No aplicamos la simple lógica que ganamos viendo películas Disney, donde el perdón bastaba para reconciliarse, donde el amor podía todas las barreras posibles. Por supuesto, y no podía ser de otra manera, también olvidamos que los malos siempre terminan perdiendo.

Esos cuentos, dicen, nos mantenían alejados de la realidad. Por ello está mal visto que una mujer hecha y derecha se pase las tardes delante de su preciado VHS rememorando los diálogos de cada una de las películas de príncipes y princesas que siempre tenían final feliz. Sigo pensando que se equivocan. Las películas Disney, al igual que los cuentos de hadas, nos muestran precisamente lo que nos falta.

Sus moralejas hacen, de la mentalidad individual, un edificio con buenos cimientos y una viga central, el cerebro, capaz de aguantar el edificio entero. Vivir de los cuentos no es tan malo, incluso creo que es digno de admiración. No me juzguéis, creo sinceramente que arriesgar la vida por un cuento de hadas es lo más sensato que puede salir del corazón de un humano por esa misma razón, porque sale del corazón.

Llamadme infantil, pero sin el Rey León nunca hubiera aprendido literatura (para quien no lo sepa, el Rey León está basado en la obra de Shakespeare: “Hamlet”); sin Tod y Toby, no hubiera aprendido que la diferencia de razas no hace de uno ‘el cazador’ y del otro ‘el cazado’; y sin Balto, no hubiera aprendido jamás a tener devoción por ayudar a los demás.

A estos ejemplos, les siguen infinitas historias como Aladdín, que me enseñó que pedir deseos debe ser algo concreto y limitado; la Sirenita, que me inculcó interés por otros mundos; Toy Story, que reafirmó el cariño especial que le tengo a cada uno de mis peluches; o incluso 101 Dálmatas, que aumentó mi afecto hacia los perros y me explicó que ellos son los más fieles amigos del hombre.

Como iba diciendo, el mundo de los cuentos es fantástico, no es real. Y por ello mismo deberíamos aprender de todas y cada una de esas historias: porque no importa el color de tu piel (Pocahontas), no importa si te pareces, o no, a la manada (Tarzán), y no tiene ningún tipo de importancia que tu aspecto se aleje de lo cotidiano, si tienes un corazón de oro (La Bella y la Bestia).

Y sí. Cuando forme una familia, mis hijos verán todas esas películas en VHS, aprenderán a valorar desde pequeños todo lo que esos cuentos aportan, y comprenderán, conforme se hagan mayores, lo que realmente querían explicar esas películas. No hay mejor moraleja que la de aprender sin ser conscientes, y la de ser conscientes de lo aprendido.

martes, 8 de mayo de 2012

Escalera a la luna

Poco a poco, la niña ha subido los peldaños de la vieja escalera hacia la luna. Como tantos otros, ella se ha cansado de verla desde lejos, de no disfrutar de las nubes, de estar siempre en el suelo. Se le ha estropeado el vestido de ‘buenas noches’ en el intento, se le ha rasgado la pequeña tela de la magia y se le ha caído algún que otro sueño de cristal desde las alturas, pero con sus debidas pausas, y a ritmo de princesita de cuento, ha llegado al punto clave de belleza: donde acaba el sueño real y empieza la realidad de ensueño.

Dulces sueños, princesa...

miércoles, 2 de mayo de 2012

El invierno nos deja, el invierno se marcha

Como mucho, amanecerá mañana

El invierno se despide
a paso lento, con su piel deshecha
y fundinda por el sol que
seca mares y adormece silencios.

 Las noches sin horrores
vividas entre nieve y hielo,
entre llamas de consuelo y oleadas de ingenio,
morirán abrasadas junto con el alma.

La luz de un nuevo día
brillará en lo alto de esa montaña,
pero como mucho, y porque yo lo digo,
amanecerá mañana.

viernes, 27 de abril de 2012

Tiempo no me espera, Tiempo huye de mí

Tiempo. Tiempo es aquello que siempre nos falta, y aquello por lo que estaríamos dispuestos a pagar grandes sumas de dinero con tal de conseguirlo; y no solo eso, también estamos dispuestos a perder el tiempo buscando la forma perfecta de que no se nos gaste. Y casi sin pensar, perdemos la mitad del tiempo dándonos de cabezazos contra nosotros mismos: porque nuestra ironía es nuestra mayor trampa. Me falta tiempo, es cierto, tiempo para decir, para hacer. O simplemente tiempo para mí, tiempo para pensar, para ser. Y mientras busco la forma de ganar tiempo, lo pierdo pensando cuál será el plan. Y me quedo sin tiempo para mí, sin tiempo para ser, y sin tiempo que compartir con los demás. Yo sola soy mi mundo, y me pierdo, como nos perdemos todos, en el hoyo donde el tiempo parece pasar el doble de rápido.

miércoles, 11 de abril de 2012

Pisando agua, creando comienzos

Salí de casa casi por accidente; con los patines mal ajustados, la camisa de excusas al revés y los pantalones cortos de suspiros de amor algo caídos. Habiéndome levantado hacía apenas media hora, y aún sabiendo que iba a llover de mala manera, una migaja de silencio me recordó que era el día de encontrarte.

Corrí aprisa contra el viento, con mis pantalones cortos de loca chiflada, y entré en la parada de metro empapada de ilusiones y de cuentos de hadas. Llegué pronto y sin saber qué dirección tomar ni qué vagón escoger para conocerte. Llegué sin saber dónde estabas.

Fui hacia la izquierda porque un impulso me tentó, y habiendo caído en tal tentación entré en el vagón que hacía siete desde la parte trasera del metro. Lo escogí porque estaba perfectamente calculado: con un cincuenta por ciento de error o éxito. Lo escogí porque sí, porque no y porque quizás. No podía haber nada más preciso.

Anduve de extremo a extremo del vagón; me paseé casi persiguiendo las frases exactas que mi mente dibujaba en mi subconsciente; y casi sin querer, como soñadora aferrada a encontrar la palabra perfecta para describir la vida en un sueño, el equilibrio de las frases se perdió como el de mis piernas al frenar el metro bruscamente.

Era esa la parada, pero estaba tan metida en el papel de soñadora que perdí los papeles y mi mente escribió en el aire, y yo solo podía quedarme mirando a la nada con cara de satisfacción, como cuando un niño sonríe sin entender nada. Me pasé la parada, y estaba segura de que estabas allí.

Una extraña sensación de vacío recorrió mi espalda y se clavó en mi pecho como un sorbo de whiskey y una calada a un cigarro. Lo sabía, sabía que debería haber bajado en esa parada; que no debería haber seguido hasta tan lejos, que no debería haberme alejado de la orilla de tu alma.

Aún en el tren, y maldiciéndome de diez maneras distintas, me senté en el suelo entristecida como niña al descubrir que los sueños solo viven en la mente. No había sabido bajar a tiempo, había dejado atrás mi destino… me había arrebatado a mí misma la oportunidad de verte por primera vez.

Habiendo salido de casa con la ilusión de siete años, volví teñida de azul, descosiendo sueños y dibujando realidades. Nunca más volví a buscarte, es cierto; pero créeme, nunca fue tan sencillo lamentarme, ni tan complicado echarte de menos.


jueves, 5 de abril de 2012

Cree en ti, y nada podrá pararte

El pasado enseña, el presente deja que vivas y el futuro te da la oportunidad. Es así, no hay vuelta de hoja: el miedo es la peor barrera; y la seguridad de tener la razón, el peor impedimento moral. Las piedras no tropiezan, nosotros sí. Y no existe mejor método. Tropezar implica nacer de nuevo, recrearse en lo que se hace mal, y animarse a ser más hábil que ayer: tanto en palabras como en silencios.

Las hojas secas caen, y nosotros sentimos esa impetuosa necesidad de pisarlas, de sentir el dulce crujir de los malos ratos vividos y de aprender a valorar esa tristeza sonriendo al escuchar ese sonido que huele a otoño primerizo. El calendario avanza, y nosotros con él: no hay mayor verdad, ni mayor regalo.

El secreto del buen vino es beberlo tarde, porque el sabor se concentra y el gusto recuerda que el tiempo esperado nunca fue perdido, y nunca fue en vano. Las uvas usadas en ese vino tampoco fueron pisoteadas en vano, se convirtieron en algo mejor; le dieron olor y gusto a la nariz y a las papilas gustativas de los que han sabido aprender que envejecer no siempre es malo.

Y ya sin más rodeos, digo que envejecer forma parte del ciclo sin fin, del morir perdurando y del vivir aprovechando cada enseñanza. Que no hay viejo más sabio que el que ha aprendido a morir viviendo, y ha muerto viviendo a cada segundo. Porque las hojas, las uvas y las piedras se pisan; pero el sonido, el aprendizaje y la espera se valoran.

martes, 3 de abril de 2012

¿Cuándo mi vida va a comenzar?

¿Cuándo? ¿Cuándo me dejarán ser lo que soy sin enfadarse conmigo? No soy un monigote, no pueden llevarme por donde quieren... o no deberían. Tengo alma, decido por mí misma, o eso me gustaría que entendieran... porque eso es lo único que tengo y lo único que soy. A veces me da la sensación que quieren arrebatarme la excentricidad que me he ganado, la singularidad con la que parece que pienso, ya que no pienso como ellos: soy la rara, la equivocada, la perfecta desconocida. No pueden - mejor dicho, no deberían - ejercer presión sobre mí demasiado tiempo, porque yo también me rompo. Yo también sucumbo a la presión, como todos, yo también lloro de rabia, y me entristezco si no comparten mi felicidad. ¿Es cierto que para hacer felices a quienes más quiero tengo que volverme yo una completa infeliz? Un punto medio, por favor, un punto medio... Quiero respirar, tomar aire y volar. Quiero que me dejen volar, eso es. Aprender a alzar el vuelo y volver siempre a casa, al mismo sitio, y que me devuelvan una sonrisa al ver cuánto he aprendido. No quiero enfados, no quiero gritos. No quiero que me lleven por donde no quiero ir. Si te dirigen, la vida no es tan divertida; porque se vuelve segura, porque se vuelve exacta. Y bien es sabido que la vida no es segura ni exacta. No lo es, para nada.

jueves, 29 de marzo de 2012

Llegó la hora...

...de rugirle a la lluvia, de mostrarle los dientes al mal tiempo, y de mostrarnos a nosotros mismos, de caras para adentro, una amplia sonrisa; porque lo importante no es como te vean, sino como nos vemos a nosotros mismos.

Llegó la hora de tumbarse a ver el mundo de otra manera, de acostarse y sentir que el ambiente mejora con el punto de vista correcto; llegó la hora de pasar a la acción, de pasar a ser lo que se quiere ser sin que importen las consecuencias, y sin procurar gustar a los demás; porque tan solo es necesario gustarse a uno mismo.

lunes, 19 de marzo de 2012

Amanecen partituras

Recorre la espalda el viento de primera hora de la mañana, el aliento se escurre entre las entrañas. Hay un sol que amanece por la ventana abierta de la calma; y en la avenida que se cruza con la callejuela de la vieja usanza, el mendigo escribe mil canciones que saben a verdades y a ceniza fresca de palabras. Se esconde el grito en su alcoba, y el silencio son las notas que acompañan a las canciones que glorifican el alma. Y en el alba, después de una noche muy larga, amanecen las nubes y escriben, en el cielo, letras de algodón que saben a 'buenos días' y a 'bonita mañana'.

viernes, 16 de marzo de 2012

Crecer por voluntad propia

Libertad en tus acciones, y responsabilidad en tus actos
Actuar por costumbre no significa actuar correctamente, a veces abrirse al mundo y comprender que hay situaciones más allá de las vividas nos brinda la oportunidad de actuar mejor de lo que hubiéramos podido pensar, y de ser más consecuentes y responsables en las posibles situaciones futuras. Sea como sea, lo bueno es vivir, y si debemos actuar por costumbre, al menos que sea por la mala costumbre de querer aprender de las cosas a las que nunca antes nos hemos enfrentado. Se entiende que quien te quiere pretenda protegerte, pero también se entiende que tu vida es tuya, y que al fin y al cabo si las cosas salen mal quien aprenderá de ellas serás tú; y si por el contrario las cosas salen bien, tu felicidad contagiará la sonrisa a todos cuantos te rodeen. Lo importante, pues, es querer ver el mundo con otros ojos, y pretender llegar más lejos de lo que temen tus padres. Solo así se aprende, y solo así se madura; porque es absolutamente imposible crecer como persona si no puedes encontrar, por ti mismo, tus propias limitaciones.

miércoles, 14 de marzo de 2012

Brillar


No hay cielo sin estrellas,
ni estrellas sin un cielo que alumbrar;
hoy, la magia,
se funde con el mar.

Vuelan a tientas
entre tanta inmensidad;
pues no hay más fuego en sus alas
que el de la libertad.

Y si allí las aciertas,
 en aquel lugar;
es fácil que entiendas
que nunca las dejarás de soñar.

 Pues las estrellas brillan, y si las sigues,
te harán brillar.

domingo, 4 de marzo de 2012

Rumbo a las estrellas

Para alcanzar las estrellas hace falta el punto de vista adecuado, la dosis exacta de apoyo, y los gramos convenientes de complicidad. Saludar al cielo desde el suelo es sencillo, rápido e indoloro. Es simplemente una forma de entender que aquello que está ahí seguirá tan lejos como siempre, y tú te lo seguirás mirando desde la lejanía. Pero hay que tener en cuenta que existen otros focos que sí nos permiten alcanzarlas, aunque el método ya deja de ser seguro y exacto.

Lo primero que tienes que hacer - me dijo mi abuelo - es marcarte un destino, allí, en las estrellas. Después, hay que dar un pequeño salto, hacer que los pies dejen de tocar el suelo por un instante y, al volver a pisarlo, querer dejar de tocarlo de nuevo: querer volver a saltar. Con esa fuerza del primer salto, nada más tocar el suelo hay que volver a saltar, ahora con más ganas. Cada vez disfrutarás más esos segundos entre el cielo y el suelo.

Como bien sabes, lo importante no es que saltes más o menos, o que dure más el salto. Ni si quiera es importante que saltes con los pies juntos. Tú sabes que no se puede, y que por más que sigas saltando no llegarás a las estrellas; porque es físicamente imposible. Pero voy a desvelarte un pequeño secreto: para lograrlo lo importante no es el salto, sino los segundos en los que tu ilusión te dice que estás cerca de conseguirlo. 

 La magia que hay en ti hará el resto.


 http://www.youtube.com/watch?v=a99I1lV5lSc

jueves, 1 de marzo de 2012

Cuando el dolor asoma; entonces, somos inocentes

Vivimos de prejuicios, llevamos al límite las mentiras, desistimos en ser honestos, y esperamos ser lo suficientemente ‘no culpables’, o al menos no todo lo culpables que somos en realidad. El dolor asoma de muchas formas, hace acto de presencia en la vanidad de cada uno, porque el cuerpo humano no está preparado para tanto odio, aunque algunos ya han conseguido mutar el gen del remordimiento.

Esperamos que nos tachen de inocentes, que se crean que no hay odio, ni rencor, ni ira en nuestras palabras, y es cierto en parte, porque las palabras pueden camuflar lo que el cuerpo dice a gritos. También nos esforzamos por contradecir las señales que nuestro físico emite cuando mentimos: un labio fruncido en mal momento, o una negación con la cabeza cuando, en el mismo momento, las palabras dicen lo contrario.

Decidimos engañar y mentir a los demás y a nosotros mismos, y esperamos creernos nuestra propia farsa aunque no se aguante por ningún sitio. Somos capaces de encontrar el perdón en actos imperdonables, y más aún, somos capaces de creernos que se nos puede eximir de culpa a cualquier precio y bajo cualquier circunstancia. Y en eso no podemos estar más equivocados.

Hoy en día, matas a alguien y te dan la libertad condicional por cuestiones de burocracia demente. O lo que es peor, maltratas física y psicológicamente a otra persona, igual en derechos que tú, y cuando los moratones se han largado los hechos se esfuman, y ya no hay pruebas concluyentes. Aunque haya testimonios y víctimas que acarrean tiempo muerto y cadena perpetua de pesadillas y traumas psicológicos.

Cuando se nos acusa es cuando se muestra la inocencia y la humanidad que no tenemos, porque por humanos hemos decidido dejarla atrás desde hace mucho tiempo. Es entonces cuando aparecen las cuartadas no perfectas, y es aquí cuando se nos encierra con cadena perpetua y se nos da la libertad condicionada pocos meses después. Ese es el problema. A la maldad no se la corrige, hay que desterrarla. 

Pero eso implica demasiada moralidad para un corazón humano pervertido por la ambición y el poder, que nos embargan el razonamiento que deberíamos aplicar en estos casos. No es lícito que un humano tenga más derechos que otro, ni mucho menos que pueda arrebatarle su libertad de esta manera. El sometimiento es la peor muerte, porque pudre a la vez que mata, y destruye lentamente lo que un disparo concluye en a penas un segundo.

miércoles, 29 de febrero de 2012

Puntos de vista

Dicen que siempre hay maldad en un buen corazón. Yo digo que se equivocan, que esa no es manera de enfocarlo. Que hay que buscar lo bueno, y no los resquicios de maldad que podamos tener cada uno; porque al fin y al cabo lo malo llama la atención, y lo bueno termina por esconderse hasta que alguien quiera remover cielo y tierra para encontrarlo.

martes, 21 de febrero de 2012

Un hecho

¿Sabéis por qué ahorramos dinero? Porque lo único que debe ahorrarse en esta vida es lo menos importante. ¿Verdad que no nos ahorramos las sonrisas? ¿y que siempre que podemos intentamos que los demás tampoco las ahorren? O los momentos, ¿qué hay de los momentos, los ahorramos? ¿verdad que no? Ahí queda eso.

Sonreíd, 
porque podéis alegrarle el día a cualquiera.

lunes, 20 de febrero de 2012

¿Medio vacío, o medio lleno?

La vida es algo que no acabo de entender, pero me gusta. Quizás por el mismo hecho de no entenderla, o quizás por entender siempre la mitad de lo que es en sí. Pero estamos destinados: solo podemos entender la mitad de la historia; lo demás, cabe en sombras y misterios. Y aún más, dicen que lo que determina a la vida es el cincuenta por ciento del recipiente: ¿medio vacío, o medio lleno? 

Yo digo que medio, a secas.

domingo, 12 de febrero de 2012

Lux Aeterna

Edad media, los reyes desatan su tiranía entre el pueblo. En un momento dado, que nos habían reunido a todos en la plaza central, los reyes hablaron de una nueva legislatura donde las normas debían ser cumplidas a rajatabla, sin margen de error ni desviación. Al acabar, abrieron la puerta que había permanecido durante siglos sellada, y los titanes salieron del recinto con sed de guerra. El pueblo, nosotros, huimos desesperadamente, pero los titanes, rocas talladas en forma de caras humanas y con hábil movilidad, aparecieron en cada esquina y en cada dirección en la que corríamos.

Entonces, me fijé en una parte de la pared que parecía rota por la fuerza de algún titán, y al mirar a través del agujero hallé, a lo lejos, una especie de árbol sin hojas. Únicamente se distinguía el tronco y alguna que otra rama que aún se sostenía unida al tronco principal. Alrededor de dicho árbol, se extendía una llanura inmensa y de hierbas bajas; y una leve niebla dejaba a medio ver aquel paraje tan pacífico. Huyendo de los titanes, cogí del brazo a Rune Synchrile, guerrera de hielo, y a Prain Legend, guerrero del rayo; pero al entrar en dicho sitio aparecieron titanes por donde quisiera que pudiera alcanzar nuestra vista.

Rune y Prain tomaron diferentes direcciones; y yo, que era algo menos rápida, me dirigí como pude hasta el árbol del que he hablado anteriormente. Una vez allí, y aún sin parar de correr, me alcé como pude por ese tronco de color claro. Éste parecía mucho más robusto de lo que era en realidad y, al subir por él mientras me seguían de cerca los titanes, una luz me envolvió haciendo que los titanes huyeran de tan pura luz. Ahí, mientras escalaba hacia las ramas más altas, es cuando entendí que se trataba de un árbol sagrado. Ese fue el punto de partida de una larga lucha.

Debía mostrarle a mis amigos los dotes mágicos y sagrados que el árbol tenía sobre los titanes, pero antes debía entrenarme un poco para subir con más habilidad por ese tronco tan finito. Me pasé un buen rato buscando, mientras subía y me deslizaba por el árbol, un punto desde el que pudiera divisar toda la zona sin tener a penas que girar la cabeza. Estuve comparando las perspectivas de cada sitio durante un buen rato, pero al final di con lo que andaba buscando: el lugar perfecto. Desde ese árbol me sentía segura, tenía una barrera espiritual tan grande que la maldad no podía entrar dentro.

Poco después de haber encontrado el sitio desde el que observar la zona, vi como Rune entraba en la llanura con desconfianza y prisa al mismo tiempo. Detrás suyo, escondidos, vi como acechaban los titanes para tenderle una emboscada. Grité con todas mis fuerzas su nombre y le advertí del peligro que corría. Ella vino corriendo hasta el árbol y los titanes, algo atontados por la magia helada que les lanzó Rune con la espada, quedaron un poquito más atrás, permitiéndole llegar hasta donde yo me encontraba sin a penas temer por su vida. Habiéndola ayudado a subir por ese tronco, esperamos a Prain.

Éste poco tardó en aparecer, pero al estar hablando de todo lo ocurrido con Rune, no nos percatamos de su presencia hasta que él se encontraba ya rodeado de titanes. En ese momento, y como yo tenía más destreza en subir y bajar por el árbol, bajé hasta tierra firme y llamé la atención de los titanes. Éstos vinieron con sus armas alzadas y yo subí de nuevo por el tronco del árbol hasta llegar donde estaba Rune. El árbol se volvió a iluminar y mis compañeros vieron como los titanes huían y se escondían de dicha luz. Esta vez, ellos pudieron ver con sus propios ojos el poder del que yo quería hablarles.

Sobraron palabras. Ayudamos a Prain a subir al árbol, aunque éste fue un poco más patoso que nosotras dos. Él tenía el poder del rayo, como el mío; pero para darle más fuerza a su espada mágica le di todo mi poder. Al quedarme sin, el árbol se iluminó y se escuchó, por primera vez, su voz que recorría mi interior dejándome una extraña sensación, una mezcla entre satisfacción y miedo. El árbol dijo: "Tu acto de valentía ha forjado lazos conmigo, humana. Te concedo parte de mi poder, desde hoy, dejas de ser mortal; desde hoy, eres Exum Lark, guerrera de la luz".

Un rayo de luz me atravesó el corazón entrando por la parte del pecho y saliendo por la espalda como si me acabaran de clavar una espada. Al fundirse la luz en mi cuerpo noté un leve cosquilleo y un valor que nunca antes había tenido. El árbol, por el contrario, se había debilitado un poco, pero había posado en mí todas las esperanzas de salvar a todos cuanto pudiera. Desde ese momento, establecimos entre los tres que esa sería nuestra base secreta, y una fuente vital a proteger con nuestras habilidades. Salimos a inspeccionar otros rincones, y a salvar, de los titanes, a los indefensos.

Nos encontramos a Risk Fission, guerrero de fuego, acorralado en un callejón porque llovía y no podía usar su espada. Entre los tres acordamos salvarle e ideamos un plan de ataque y rescate en apenas unos segundos. Ellos dos se adelantaron y atacaron a los titanes con sus respectivas magias. Me alegró comprobar que la espada de Prain había mejorado mucho con el poder eléctrico que yo le di. Risk, que echaba mano de su fuerza para sacarse de encima a unos cuantos titanes, quedó petrificado cuando uno de ellos le lanzó el hechizo piedra.

Rune, Prain y yo conseguimos deshacernos de algunos de los titanes, ellos dos con hielo y rayo, y yo con mi luz sagrada. Parecía haberse calmado la situación cuando de pronto aparecieron cinco titanes más; estos, más fuertes que los anteriores. Eché mano de mis habilidades para esquivar a los titanes y llegar donde estaba nuestro mago de fuego. Me acerqué a Risk, junté mis manos, las llevé a mi pecho, y las acerqué al pecho de nuestro compañero. Revivió. Rune y Prain seguían luchando, pero se les escapó un titán que llego a mí por la espalda y me atravesó, con su espada envenenada, el corazón.

Caí rendida allí mismo, sin fuerzas para moverme, mi valentía se perdía en forma de oro fundido que manchaba el suelo. Aquel líquido dorado era mi sangre; mi vida, y parte de la del árbol. Mi vestido de sacerdotisa, el que llevábamos todos los humanos de ese pueblo, se había manchado de oro, y mis ojos perdían el rumbo. Rune, en un acto de rabia, mató a tres titanes de una sola blandida, y Prain corrió hacia mí con lágrimas en los ojos. Ordenó a Risk que protegiera a Rune, y él me cogió en brazos y me llevó corriendo al árbol mágico.

Esta vez, Prain echó mano de su ingenio y utilizó la potencia de su espada eléctrica, apuntando hacia el suelo, para impulsarnos a los dos hacia lo más alto del árbol sagrado. No me quedaba mucho tiempo. Pidió al árbol que me salvara, y yo, que era parte del árbol, escuché su deseo, aunque no pude dárselo. Mi cuerpo yacía muerto, pero mi alma era capaz de escuchar qué pasaba a cada momento mientras el árbol siguiera con vida. Con mi voz interior, y la poca fuerza que tenía, conseguí responder a sus plegarias, y para que no mantuviera esperanzas de salvarme le dije: Me quedo en ti, aquí dentro.

Me metí en su corazón. Desde ese momento, Prain dejó de llorar y su cara se frunció de tal modo que nunca jamás lo vi sonreír de caras al mundo, aunque por dentro sentía una paz y un miedo terribles. Él siguió su camino con Rune y Risk durante largos años. Salvaron al árbol, le devolvieron la vida. Y con ello, mi yo que residía dentro de Prain se fue para siempre volviendo al árbol sagrado del que formaba parte. No hubo despedidas, aunque ellos, los guerreros de hielo, rayo y fuego hicieron del árbol que mantenía mi cuerpo – entre sus ramajes – un espacio venerado por todos los habitantes del pueblo.

viernes, 10 de febrero de 2012

Mis ganas de volar

Ah, no. Eso sí que no. Yo quiero volar, tengo alas para ello. Quiero tocar mi cielo como tocas tú tu suelo, y no voy a permitir que me aferres a tus ideales solo porque yo haya salido distinta en cuanto a la manera de ver la vida; que, por cierto, no sé si lo sabes pero es mía.

Para mí la moral prevalece a las costumbres, lo importante es ser buena persona sin decir a penas nada. Porque el silencio dice lo nunca dicho, lo que no imaginas, lo que no cabe en las palabras. Ciertamente, aquellos que más hablan son los que más excusas sueltan. Y a palabrería barata, mis oídos ensordecen.

Oh, sí. Soy un bicho raro, solo porque quiero ser lo que me apetece ser y no lo que me dictas. Soy inexperta, inmadura, inocente. Pero eso es lo que busco cambiar, por mí. Por nadie más. Quiero ganar experiencia, entender más de lo que entiendo ahora; madurar, que ya me toca; y si lo consigo puede que me plantee seguir siendo tan inocente como lo soy ahora.

Dulce alma no debería morir nunca.
Dulce niña vivirá siempre conmigo. 
¡Palabra!

viernes, 3 de febrero de 2012

La vida se va al garete

La vida es una partida de póker en la que decidimos qué apostar y por qué apostarlo. Unos miran a los ojos de los demás para adivinar sus flaquezas, sus verdades y sus mentiras. Lo que sea por ganar. Otros, simplemente, disfrutan de la partida siendo razonables con ellos mismos, con lo que pueden permitirse y lo que no, con lo que estarían dispuestos a sacrificar y lo que estarían dispuestos a perder en la partida. Aunque hay cosas, es cierto, que no deben apostarse nunca. La confianza, por ejemplo. El amor, la humanidad. El amor de la humanidad, incluso.

Pero si se trata de dinero, entonces, apostad lo que queráis. Sinceramente, se le da demasiado valor a un objeto, y es que solo es un objeto, creado por nosotros mismos por nuestras ansias de superioridad. El dinero es lo que nos ha convertido en arrogantes, pero es que somos arrogantes porque hemos convertido nuestra felicidad en dinero. Es un pez que se muerde la cola, y a este paso... nos quedaremos sin cola. Y a un pez sin cola es bien sabido que le falta algo. Algo que ya nos falta a nosotros, algo llamado impulso natural: algo que debería llevarnos a la cárcel, por corruptos; y al infierno, ciertamente, por inmorales.

Nos quejamos de la crisis, pero resulta que la hemos creado entre todos. Y dicen: hay gente que no tiene dinero para comer. Os pregunto: ¿de verdad es necesario pagar para vivir? Comer es un derecho fundamental, natural y básico. Entre el 'primero paga, luego comes', y el 'dame empleo para ganar dinero para poder vivir' nos hemos buscado la ruina. Es que la vida es algo más que eso, pero no nos damos cuenta. Nosotros siempre tenemos la razón, somos los mejores, somos como los Increíbles, solo que yo diría que somos los Increíblemente patéticos. Somos estafadores de nuestros propios sueños y de nuestra propia vida. Somos trovadores que cantan sus propias desgracias. Nuestra raza, tan superior como dicen, se muere, pierde fuerza. Y para mí, incluso, estamos perdiendo credibilidad.

viernes, 27 de enero de 2012

Pidamos perdón al mundo

Démosle, al mundo, razones por las que mantenernos arropados en sus faldas. Digámosle que somos necios, que no aprendemos a penas de nada. Admitamos que nuestra sed de venganza nos ciega más que la ceguera de nuestra mirada. Seamos justos, por una vez, y busquemos la paz en los abrazos que son sentidos, y que no desgarran, a hurtadillas, el alma. Renazcamos de las cenizas, de la maldad de nuestro aura.

Escribamos en las paredes del alma que no hace falta rezarle a la nada, que el todo está perdido allá, en nuestro interior, porque siempre nos sobran las malas ganas. Y es que a veces no entendemos que no podemos alcanzar más a la vida porque aún hay muchas cosas que no nos bastan. De no ser así, quizás tendríamos más de un sol en cada ventana, y al menos una sonrisa que adornara cada hora que pasa.

Y es que, por desgracia, seguimos pensando más en la superioridad humana que en la vida que se nos regala. Qué triste es vivir sin compartir el alma, qué triste es mirar y no ver más que nuestras propias pisadas. El mundo no estaba lleno de llamas, devolvámosle todas sus mañanas. Que por cada una que robamos, ella fue perdiendo su brillo y su gracia.

Deshagamos las palabras y creemos, con ellas, nuestras propias mañanas. Lejos de todo lo que el alba no alcanza. Y que de un baño de agua salada nazca, en la vida, la melodía exacta para revivir a las plantas, que no hay más ritmo que el del mundo que todavía nos guarda. No destruyamos la única cosa que en realidad nos ama: la naturaleza, la mayor de las madres, nos cuida a todos los que andamos, nadamos o volamos de rama en rama.

Revivamos la calma; devolvamos, con respeto, la última mirada. Embarguemos las armas y regalemos, a la luna, dulces sonatas, lágrimas de disculpa al cielo en cada estrofa mal afinada y, al acabar, un silencio que, al menos por una vez, no diga absolutamente nada. Así, en silencio, y lejos de la oscuridad que nos acapara, no habrá más ruido que el de un corazón de sangre renovada.

miércoles, 25 de enero de 2012

Monstruos en mi habitación

La oscuridad me aterra y, de hecho, si me viera alguien hacer las peripecias que hago en casa como huir de las sombras de las lámparas, entrar corriendo en mi habitación para que no entre ningún monstruo después de mí o encender todas las luces con tal de asegurarme que todo quede visible, y que nadie está buscando el mejor momento para apuñalarme por detrás, seguramente me tomarían por loca. Pero es que le tengo pánico a la oscuridad, sobre todo cuando estoy sola, que es la mayor parte del tiempo. Soy una miedica, y poso todas y cada una de mis esperanzas en que mis sábanas sean lo suficientemente resistentes como para mantenerme con vida hasta la mañana siguiente. Monstruos, no hay escudo más infalible.

martes, 24 de enero de 2012

Escoger lo mejor, no lo más fácil

Me dieron a escoger entre un camino de flores y uno de alambres.
Escogí el de alambres. Y lo volvería a escoger.

domingo, 22 de enero de 2012

El mundo que hay bajo mis ojos


A ras de cielo, una luna entre alambres;
A ras mar, marea baja;
A ras de tierra, pies hundidos, poesía.

A ras de uno mismo, ser cambiante,
ser transparente, ser invisible pero dejar huella.

martes, 17 de enero de 2012

La cajita de música

En la habitación hay cuadros, un armario empotrado, numerosas estanterías llenas de libros, cómics y peluches. Hay una cama tocando a la pared, y un escritorio al lado de ella, con una silla de color verde. En la mesa de estudio hay una lámpara, un despertador y muchos folios. Documentos, para ser exactos. Mucha letra y mucho mundo en tan poca superficie. Y allí, a lo lejos, un mueble de los cajones que sostiene la estantería. Está lleno de figuritas, algunas de ellas un poco especiales. Y allí, apartada, una cajita de música con la melodía de la niñez en su interior. Le doy cuerda a la cajita, y me canta, me encanta, la canción. Salgo corriendo de la habitación y me voy al baño, justo delante de la puerta de mi cuarto. Me miro en el espejo y vuelvo a ser el yo de entonces, el yo de esa cajita. Pelo rubio, ojos azules y dos palmos más pequeña. Con sonrisa de oreja a oreja, con alma de niña y el sentido de la vida recuperado. Y es que a veces se nos olvida lo importante cuando crecemos, y no recordamos que la vida está en las cosas pequeñas, en aquellos detalles como el volver a hacer sonar la cajita. Con ello, un hecho tan simple, se nos esboza, de nuevo, una sonrisita de niño pequeño. De esas tan tiernas, de esas tan humanas. De esas sonrisas que hacen plantear si el yo actual sigue siendo humano, o si en algún momento dejó de serlo.

domingo, 15 de enero de 2012

Cuestión de palabras

Luna, blanca, clara, inocente. Agua, azul océano, sol salado, tierra calmada, viento fugaz, belleza, relámpago. Trueno, enfado, egoísmo, brillo descomunal. Oxígeno, exigo; alas, para volar. Piedras, camino, pies, destino, tropiezo, llanto, caer, levantarse, recaída y volverse a levantar. Suelo, perfecto, que atrapa los sueños; agujero, hondo, perverso, material. Tocamos, con los dedos, la forma, el cabello, de la sangre caída de los demás. Y de esa forma, redonda como un rádar, enorme, inacabable, inmensa como el mar: aprender, a aguantarse, a no caer y a no vacilar. Llueven, sonrisas, en madrugadas alargadas. Grandes, ojos, hirviendo de escencia. Afloran, rebosan, pupilas negras, se dilatan, con deseo de amar. Y ahí, a los lejos, un punto, ténue, disimulado, asombroso, helado, sobre un lienzo blanco que destaca su inmensidad. Somos eso, un punto, oscuro, negro, imperfecto, torcido, y no redondo. Inacabado, pero bonito. Y no hay más que hablar.

viernes, 13 de enero de 2012

Alzheimer

Ahora ya no recuerdo lo que era vivir, y no tengo muy claro si sigo viva, o si ya estoy muerta desde que ignoro la forma en la que paso las horas. Después de todo, no le puedo llamar vida a algo que no recuerdo, a pensamientos que tengo pero se me van a de las manos. No sé si para bien o para mal, no sé dónde voy, ni a donde va lo que no recuerdo. No recuerdo lo que digo, no sé si para bien o para mal, no sé dónde voy, y me pierdo... me pierdo. Ahora ya no recuerdo lo que era vivir, mis pensamientos se me van de las manos. ¿Manos? Eso ya lo he dicho… ¿no?. Ya no tengo claro nada, no sé si estoy o no estoy, porque desde luego no estoy para bromas, no estoy para juegos de palabras, y para palabras, las mías que se van, y no entiendo nada. Ya no tengo muy claro si sigo viva, o si he muerto después de todo. Aunque no recuerde la palabra ‘espejo’, cuando me reflejo en él me reconozco, pero no sé mi nombre, no sé quien soy, ni quien fui. No sé si fui algo para alguien, ni si quiera sé quién es ese alguien, no conozco su nombre. ¿Quién eres? No sé quién eres, pero siento estima sin entender porqué. ¿A caso eres familia? No me dejes sola, no sé qué digo. Y me vuelvo a perder… Ya no recuerdo lo que he hecho hasta ahora, me dicen que la palabra que estoy buscando es ‘vivir’, pero solo consigo recordar la palabra ‘morir’, y se desesperan por no recordar el detalle de vivir en vez del de morir, y me enfado, no es culpa mía, las cosas ya no tienen sentido. Y se hunden porque no sé sus nombres, pero los reconozco… a cada uno de ellos, aunque no pueda demostrarlo, sé que los conocí en su momento. Me pierdo, me pierdo… como la vela que hay en la mesita, como la butaca en la que me gustaba sentarme y ya no se acuerda de mí, ni yo de ella. Me pierdo, me pierden… Hay pájaros en el cielo, vuelan. Recuerdo la sensación de haber volado antes, quizás en un vuelo nocturno hacia ninguna parte, y es que ninguna parte es algún sitio, estoy segura, pero no recuerdo su nombre. Los pájaros vuelan, y tú… ¿tú eres María? No llores… intenté recordar otras veces que no te llamas María. Oye, María… yo no recuerdo, no puedo memorizar nombres, ni historias, no sé ni cual es el número de portal de mi casa. María… yo no te recuerdo, pero te estimo igual. Te escucho María… María, por favor, deja de llorar.

jueves, 5 de enero de 2012

Tentación


Hoy quiero rock, whisky y mucho hielo. Quiero
paso firme, mirada decidida y vestidos que me quiten el sueño. Esta noche necesito aire, ruinas, lunas que desnudar. En un bar de carretera busco botas de tacón con puntas de cuero, busco labios que raspen, que astillen. Besos que arañen. Nada de terciopelo.

Hoy quiero un cigarrillo en sus labios, y sal e
n las heridas. Quiero fantasía, que se cumplan todas mis expectativas. Un corazón frío, una falda hacia arriba. Tatuajes en su espalda, uñas rojas que desgarren mi espalda. Un aliento que no siga ahí por la mañana. Pero no hay uñas sin espalda, ni si quiera falda si no hay bar de carretera, y no hay cuentos de hadas sin hadas, y sin hadas ya ni si quiera hay frontera entre el fuego y tu mirada. Ya no queda gasolina en estas venas, la vida se pierde entre borracheras, entre espinas mal clavadas. Que me quemen sus medias, que se quite también la máscara.

Hoy no quiero que me de respiro alguno, porque algún respiro se quedará en mi cama. Y las sábanas esconderán mi piel cuando ya no me encuentre el alma. Y para cuando me la encuentre, entonces ya no habrá labios rojos, ni tatuajes en su espalda. Sólo habrá un
cerrojo en mi mente, obstaculizándome la entrada. Y ya ni si quiera tendré yo la llave, porque la llave la tendrá la mujer morena que se fue de madrugada: aquella que no dijo adiós, ni hola, aquella que a penas dijo nada. Aquella que con su mirada desafiaba, aquella felina con labios de sabor a sangre humana.

lunes, 2 de enero de 2012

Experiencia con un poco de hielo, por favor

Me dicen que soy un desastre, que no debo soñar tanto despierta, que hay que intentar equivocarse lo mínimo. Me dicen que estoy equivocada, que la vida se mira de otra forma, que hay que medir la felicidad por lo que tienes y no por lo que sientes. Me dicen que no hay mejor consuelo que un peluche, que no hay más pan que el de cada día. Me dicen que no puedo cambiar el mundo, que eso es de superhéroes, que es ficción y que no debo creer en ello. Me afirman que la vida no tiene sentido si la perdemos aprendiendo algo que otros ya han aprendido, que tengo que hacer siempre caso de lo que me dicen mis padres, que tengo que aceptar lo que me dicen que no haga para no pasar por malos tragos.

¿Que qué digo yo? Que no es verdad, que la vida es más que eso. Que lo que importa no es lo que tienes si no lo que vales, que hay que soñar tanto como se pueda, que hay que vivir siempre de acuerdo con lo que se quiere ser y que hay que tragar las malas palabras con un poco de hielo y una buena sonrisa. Digo que el mejor consuelo es un ‘lo siento’ a tiempo, y uno de verdad; que no hay peor pensamiento que el materialismo como forma de vida. Les digo que hay que ser real, y que ser real no significa intentar no equivocarse, sino vivir aún sabiendo que más de una vez te vas a tropezar. Solo así se llega a un punto, un momento en la vida, en el que ya caes con gusto, aprendes de las heridas, de la sangre que sale de ellas. Aprendes a ser lo que quieres ser, sin terminar de ser uno mismo.

Me dicen que soy demasiado inocente y yo les doy la razón, lo soy y me gusta serlo. Decidme, ¿hay algún problema con eso?