A ras de cielo
Entre calambres de honestidad
miércoles, 30 de mayo de 2012
Quiero vivir del aire, quiero salir de aquí
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domingo, 13 de mayo de 2012
Sonreír a cualquier precio
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miércoles, 9 de mayo de 2012
Arriesgar la vida por un cuento de hadas
Esos cuentos, dicen, nos mantenían alejados de la realidad. Por ello está mal visto que una mujer hecha y derecha se pase las tardes delante de su preciado VHS rememorando los diálogos de cada una de las películas de príncipes y princesas que siempre tenían final feliz. Sigo pensando que se equivocan. Las películas Disney, al igual que los cuentos de hadas, nos muestran precisamente lo que nos falta.
Sus moralejas hacen, de la mentalidad individual, un edificio con buenos cimientos y una viga central, el cerebro, capaz de aguantar el edificio entero. Vivir de los cuentos no es tan malo, incluso creo que es digno de admiración. No me juzguéis, creo sinceramente que arriesgar la vida por un cuento de hadas es lo más sensato que puede salir del corazón de un humano por esa misma razón, porque sale del corazón.
Llamadme infantil, pero sin el Rey León nunca hubiera aprendido literatura (para quien no lo sepa, el Rey León está basado en la obra de Shakespeare: “Hamlet”); sin Tod y Toby, no hubiera aprendido que la diferencia de razas no hace de uno ‘el cazador’ y del otro ‘el cazado’; y sin Balto, no hubiera aprendido jamás a tener devoción por ayudar a los demás.
A estos ejemplos, les siguen infinitas historias como Aladdín, que me enseñó que pedir deseos debe ser algo concreto y limitado; la Sirenita, que me inculcó interés por otros mundos; Toy Story, que reafirmó el cariño especial que le tengo a cada uno de mis peluches; o incluso 101 Dálmatas, que aumentó mi afecto hacia los perros y me explicó que ellos son los más fieles amigos del hombre.
Como iba diciendo, el mundo de los cuentos es fantástico, no es real. Y por ello mismo deberíamos aprender de todas y cada una de esas historias: porque no importa el color de tu piel (Pocahontas), no importa si te pareces, o no, a la manada (Tarzán), y no tiene ningún tipo de importancia que tu aspecto se aleje de lo cotidiano, si tienes un corazón de oro (La Bella y la Bestia).
Y sí. Cuando forme una familia, mis hijos verán todas esas películas en VHS, aprenderán a valorar desde pequeños todo lo que esos cuentos aportan, y comprenderán, conforme se hagan mayores, lo que realmente querían explicar esas películas. No hay mejor moraleja que la de aprender sin ser conscientes, y la de ser conscientes de lo aprendido.
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martes, 8 de mayo de 2012
Escalera a la luna
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miércoles, 2 de mayo de 2012
El invierno nos deja, el invierno se marcha
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viernes, 27 de abril de 2012
Tiempo no me espera, Tiempo huye de mí
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miércoles, 11 de abril de 2012
Pisando agua, creando comienzos
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jueves, 5 de abril de 2012
Cree en ti, y nada podrá pararte
Las hojas secas caen, y nosotros sentimos esa impetuosa necesidad de pisarlas, de sentir el dulce crujir de los malos ratos vividos y de aprender a valorar esa tristeza sonriendo al escuchar ese sonido que huele a otoño primerizo. El calendario avanza, y nosotros con él: no hay mayor verdad, ni mayor regalo.El secreto del buen vino es beberlo tarde, porque el sabor se concentra y el gusto recuerda que el tiempo esperado nunca fue perdido, y nunca fue en vano. Las uvas usadas en ese vino tampoco fueron pisoteadas en vano, se convirtieron en algo mejor; le dieron olor y gusto a la nariz y a las papilas gustativas de los que han sabido aprender que envejecer no siempre es malo.
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martes, 3 de abril de 2012
¿Cuándo mi vida va a comenzar?
¿Cuándo? ¿Cuándo me dejarán ser lo que soy sin enfadarse conmigo? No soy un monigote, no pueden llevarme por donde quieren... o no deberían. Tengo alma, decido por mí misma, o eso me gustaría que entendieran... porque eso es lo único que tengo y lo único que soy. A veces me da la sensación que quieren arrebatarme la excentricidad que me he ganado, la singularidad con la que parece que pienso, ya que no pienso como ellos: soy la rara, la equivocada, la perfecta desconocida. No pueden - mejor dicho, no deberían - ejercer presión sobre mí demasiado tiempo, porque yo también me rompo. Yo también sucumbo a la presión, como todos, yo también lloro de rabia, y me entristezco si no comparten mi felicidad. ¿Es cierto que para hacer felices a quienes más quiero tengo que volverme yo una completa infeliz? Un punto medio, por favor, un punto medio... Quiero respirar, tomar aire y volar. Quiero que me dejen volar, eso es. Aprender a alzar el vuelo y volver siempre a casa, al mismo sitio, y que me devuelvan una sonrisa al ver cuánto he aprendido. No quiero enfados, no quiero gritos. No quiero que me lleven por donde no quiero ir. Si te dirigen, la vida no es tan divertida; porque se vuelve segura, porque se vuelve exacta. Y bien es sabido que la vida no es segura ni exacta. No lo es, para nada.| Reacciones: |
jueves, 29 de marzo de 2012
Llegó la hora...
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lunes, 19 de marzo de 2012
Amanecen partituras
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viernes, 16 de marzo de 2012
Crecer por voluntad propia
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| Libertad en tus acciones, y responsabilidad en tus actos |
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miércoles, 14 de marzo de 2012
Brillar
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domingo, 4 de marzo de 2012
Rumbo a las estrellas
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jueves, 1 de marzo de 2012
Cuando el dolor asoma; entonces, somos inocentes
Pero eso implica demasiada moralidad para un corazón humano pervertido por la ambición y el poder, que nos embargan el razonamiento que deberíamos aplicar en estos casos. No es lícito que un humano tenga más derechos que otro, ni mucho menos que pueda arrebatarle su libertad de esta manera. El sometimiento es la peor muerte, porque pudre a la vez que mata, y destruye lentamente lo que un disparo concluye en a penas un segundo.
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miércoles, 29 de febrero de 2012
Puntos de vista
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martes, 21 de febrero de 2012
Un hecho
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lunes, 20 de febrero de 2012
¿Medio vacío, o medio lleno?
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domingo, 12 de febrero de 2012
Lux Aeterna
Entonces, me fijé en una parte de la pared que parecía rota por la fuerza de algún titán, y al mirar a través del agujero hallé, a lo lejos, una especie de árbol sin hojas. Únicamente se distinguía el tronco y alguna que otra rama que aún se sostenía unida al tronco principal. Alrededor de dicho árbol, se extendía una llanura inmensa y de hierbas bajas; y una leve niebla dejaba a medio ver aquel paraje tan pacífico. Huyendo de los titanes, cogí del brazo a Rune Synchrile, guerrera de hielo, y a Prain Legend, guerrero del rayo; pero al entrar en dicho sitio aparecieron titanes por donde quisiera que pudiera alcanzar nuestra vista.
Rune y Prain tomaron diferentes direcciones; y yo, que era algo menos rápida, me dirigí como pude hasta el árbol del que he hablado anteriormente. Una vez allí, y aún sin parar de correr, me alcé como pude por ese tronco de color claro. Éste parecía mucho más robusto de lo que era en realidad y, al subir por él mientras me seguían de cerca los titanes, una luz me envolvió haciendo que los titanes huyeran de tan pura luz. Ahí, mientras escalaba hacia las ramas más altas, es cuando entendí que se trataba de un árbol sagrado. Ese fue el punto de partida de una larga lucha.
Debía mostrarle a mis amigos los dotes mágicos y sagrados que el árbol tenía sobre los titanes, pero antes debía entrenarme un poco para subir con más habilidad por ese tronco tan finito. Me pasé un buen rato buscando, mientras subía y me deslizaba por el árbol, un punto desde el que pudiera divisar toda la zona sin tener a penas que girar la cabeza. Estuve comparando las perspectivas de cada sitio durante un buen rato, pero al final di con lo que andaba buscando: el lugar perfecto. Desde ese árbol me sentía segura, tenía una barrera espiritual tan grande que la maldad no podía entrar dentro.
Poco después de haber encontrado el sitio desde el que observar la zona, vi como Rune entraba en la llanura con desconfianza y prisa al mismo tiempo. Detrás suyo, escondidos, vi como acechaban los titanes para tenderle una emboscada. Grité con todas mis fuerzas su nombre y le advertí del peligro que corría. Ella vino corriendo hasta el árbol y los titanes, algo atontados por la magia helada que les lanzó Rune con la espada, quedaron un poquito más atrás, permitiéndole llegar hasta donde yo me encontraba sin a penas temer por su vida. Habiéndola ayudado a subir por ese tronco, esperamos a Prain.
Éste poco tardó en aparecer, pero al estar hablando de todo lo ocurrido con Rune, no nos percatamos de su presencia hasta que él se encontraba ya rodeado de titanes. En ese momento, y como yo tenía más destreza en subir y bajar por el árbol, bajé hasta tierra firme y llamé la atención de los titanes. Éstos vinieron con sus armas alzadas y yo subí de nuevo por el tronco del árbol hasta llegar donde estaba Rune. El árbol se volvió a iluminar y mis compañeros vieron como los titanes huían y se escondían de dicha luz. Esta vez, ellos pudieron ver con sus propios ojos el poder del que yo quería hablarles.
Sobraron palabras. Ayudamos a Prain a subir al árbol, aunque éste fue un poco más patoso que nosotras dos. Él tenía el poder del rayo, como el mío; pero para darle más fuerza a su espada mágica le di todo mi poder. Al quedarme sin, el árbol se iluminó y se escuchó, por primera vez, su voz que recorría mi interior dejándome una extraña sensación, una mezcla entre satisfacción y miedo. El árbol dijo: "Tu acto de valentía ha forjado lazos conmigo, humana. Te concedo parte de mi poder, desde hoy, dejas de ser mortal; desde hoy, eres Exum Lark, guerrera de la luz".
Un rayo de luz me atravesó el corazón entrando por la parte del pecho y saliendo por la espalda como si me acabaran de clavar una espada. Al fundirse la luz en mi cuerpo noté un leve cosquilleo y un valor que nunca antes había tenido. El árbol, por el contrario, se había debilitado un poco, pero había posado en mí todas las esperanzas de salvar a todos cuanto pudiera. Desde ese momento, establecimos entre los tres que esa sería nuestra base secreta, y una fuente vital a proteger con nuestras habilidades. Salimos a inspeccionar otros rincones, y a salvar, de los titanes, a los indefensos.
Nos encontramos a Risk Fission, guerrero de fuego, acorralado en un callejón porque llovía y no podía usar su espada. Entre los tres acordamos salvarle e ideamos un plan de ataque y rescate en apenas unos segundos. Ellos dos se adelantaron y atacaron a los titanes con sus respectivas magias. Me alegró comprobar que la espada de Prain había mejorado mucho con el poder eléctrico que yo le di. Risk, que echaba mano de su fuerza para sacarse de encima a unos cuantos titanes, quedó petrificado cuando uno de ellos le lanzó el hechizo piedra.
Rune, Prain y yo conseguimos deshacernos de algunos de los titanes, ellos dos con hielo y rayo, y yo con mi luz sagrada. Parecía haberse calmado la situación cuando de pronto aparecieron cinco titanes más; estos, más fuertes que los anteriores. Eché mano de mis habilidades para esquivar a los titanes y llegar donde estaba nuestro mago de fuego. Me acerqué a Risk, junté mis manos, las llevé a mi pecho, y las acerqué al pecho de nuestro compañero. Revivió. Rune y Prain seguían luchando, pero se les escapó un titán que llego a mí por la espalda y me atravesó, con su espada envenenada, el corazón.
Caí rendida allí mismo, sin fuerzas para moverme, mi valentía se perdía en forma de oro fundido que manchaba el suelo. Aquel líquido dorado era mi sangre; mi vida, y parte de la del árbol. Mi vestido de sacerdotisa, el que llevábamos todos los humanos de ese pueblo, se había manchado de oro, y mis ojos perdían el rumbo. Rune, en un acto de rabia, mató a tres titanes de una sola blandida, y Prain corrió hacia mí con lágrimas en los ojos. Ordenó a Risk que protegiera a Rune, y él me cogió en brazos y me llevó corriendo al árbol mágico.
Esta vez, Prain echó mano de su ingenio y utilizó la potencia de su espada eléctrica, apuntando hacia el suelo, para impulsarnos a los dos hacia lo más alto del árbol sagrado. No me quedaba mucho tiempo. Pidió al árbol que me salvara, y yo, que era parte del árbol, escuché su deseo, aunque no pude dárselo. Mi cuerpo yacía muerto, pero mi alma era capaz de escuchar qué pasaba a cada momento mientras el árbol siguiera con vida. Con mi voz interior, y la poca fuerza que tenía, conseguí responder a sus plegarias, y para que no mantuviera esperanzas de salvarme le dije: Me quedo en ti, aquí dentro.
Me metí en su corazón. Desde ese momento, Prain dejó de llorar y su cara se frunció de tal modo que nunca jamás lo vi sonreír de caras al mundo, aunque por dentro sentía una paz y un miedo terribles. Él siguió su camino con Rune y Risk durante largos años. Salvaron al árbol, le devolvieron la vida. Y con ello, mi yo que residía dentro de Prain se fue para siempre volviendo al árbol sagrado del que formaba parte. No hubo despedidas, aunque ellos, los guerreros de hielo, rayo y fuego hicieron del árbol que mantenía mi cuerpo – entre sus ramajes – un espacio venerado por todos los habitantes del pueblo.
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viernes, 10 de febrero de 2012
Mis ganas de volar
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viernes, 3 de febrero de 2012
La vida se va al garete
Pero si se trata de dinero, entonces, apostad lo que queráis. Sinceramente, se le da demasiado valor a un objeto, y es que solo es un objeto, creado por nosotros mismos por nuestras ansias de superioridad. El dinero es lo que nos ha convertido en arrogantes, pero es que somos arrogantes porque hemos convertido nuestra felicidad en dinero. Es un pez que se muerde la cola, y a este paso... nos quedaremos sin cola. Y a un pez sin cola es bien sabido que le falta algo. Algo que ya nos falta a nosotros, algo llamado impulso natural: algo que debería llevarnos a la cárcel, por corruptos; y al infierno, ciertamente, por inmorales.
Nos quejamos de la crisis, pero resulta que la hemos creado entre todos. Y dicen: hay gente que no tiene dinero para comer. Os pregunto: ¿de verdad es necesario pagar para vivir? Comer es un derecho fundamental, natural y básico. Entre el 'primero paga, luego comes', y el 'dame empleo para ganar dinero para poder vivir' nos hemos buscado la ruina. Es que la vida es algo más que eso, pero no nos damos cuenta. Nosotros siempre tenemos la razón, somos los mejores, somos como los Increíbles, solo que yo diría que somos los Increíblemente patéticos. Somos estafadores de nuestros propios sueños y de nuestra propia vida. Somos trovadores que cantan sus propias desgracias. Nuestra raza, tan superior como dicen, se muere, pierde fuerza. Y para mí, incluso, estamos perdiendo credibilidad.
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viernes, 27 de enero de 2012
Pidamos perdón al mundo
Escribamos en las paredes del alma que no hace falta rezarle a la nada, que el todo está perdido allá, en nuestro interior, porque siempre nos sobran las malas ganas. Y es que a veces no entendemos que no podemos alcanzar más a la vida porque aún hay muchas cosas que no nos bastan. De no ser así, quizás tendríamos más de un sol en cada ventana, y al menos una sonrisa que adornara cada hora que pasa.
Y es que, por desgracia, seguimos pensando más en la superioridad humana que en la vida que se nos regala. Qué triste es vivir sin compartir el alma, qué triste es mirar y no ver más que nuestras propias pisadas. El mundo no estaba lleno de llamas, devolvámosle todas sus mañanas. Que por cada una que robamos, ella fue perdiendo su brillo y su gracia.
Deshagamos las palabras y creemos, con ellas, nuestras propias mañanas. Lejos de todo lo que el alba no alcanza. Y que de un baño de agua salada nazca, en la vida, la melodía exacta para revivir a las plantas, que no hay más ritmo que el del mundo que todavía nos guarda. No destruyamos la única cosa que en realidad nos ama: la naturaleza, la mayor de las madres, nos cuida a todos los que andamos, nadamos o volamos de rama en rama.
Revivamos la calma; devolvamos, con respeto, la última mirada. Embarguemos las armas y regalemos, a la luna, dulces sonatas, lágrimas de disculpa al cielo en cada estrofa mal afinada y, al acabar, un silencio que, al menos por una vez, no diga absolutamente nada. Así, en silencio, y lejos de la oscuridad que nos acapara, no habrá más ruido que el de un corazón de sangre renovada.
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miércoles, 25 de enero de 2012
Monstruos en mi habitación
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martes, 24 de enero de 2012
Escoger lo mejor, no lo más fácil
Escogí el de alambres. Y lo volvería a escoger.
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domingo, 22 de enero de 2012
El mundo que hay bajo mis ojos
A ras de tierra, pies hundidos, poesía.
A ras de uno mismo, ser cambiante,
ser transparente, ser invisible pero dejar huella.
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martes, 17 de enero de 2012
La cajita de música
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domingo, 15 de enero de 2012
Cuestión de palabras
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viernes, 13 de enero de 2012
Alzheimer
Ahora ya no recuerdo lo que era vivir, y no tengo muy claro si sigo viva, o si ya estoy muerta desde que ignoro la forma en la que paso las horas. Después de todo, no le puedo llamar vida a algo que no recuerdo, a pensamientos que tengo pero se me van a de las manos. No sé si para bien o para mal, no sé dónde voy, ni a donde va lo que no recuerdo. No recuerdo lo que digo, no sé si para bien o para mal, no sé dónde voy, y me pierdo... me pierdo. Ahora ya no recuerdo lo que era vivir, mis pensamientos se me van de las manos. ¿Manos? Eso ya lo he dicho… ¿no?. Ya no tengo claro nada, no sé si estoy o no estoy, porque desde luego no estoy para bromas, no estoy para juegos de palabras, y para palabras, las mías que se van, y no entiendo nada. Ya no tengo muy claro si sigo viva, o si he muerto después de todo. Aunque no recuerde la palabra ‘espejo’, cuando me reflejo en él me reconozco, pero no sé mi nombre, no sé quien soy, ni quien fui. No sé si fui algo para alguien, ni si quiera sé quién es ese alguien, no conozco su nombre. ¿Quién eres? No sé quién eres, pero siento estima sin entender porqué. ¿A caso eres familia? No me dejes sola, no sé qué digo. Y me vuelvo a perder… Ya no recuerdo lo que he hecho hasta ahora, me dicen que la palabra que estoy buscando es ‘vivir’, pero solo consigo recordar la palabra ‘morir’, y se desesperan por no recordar el detalle de vivir en vez del de morir, y me enfado, no es culpa mía, las cosas ya no tienen sentido. Y se hunden porque no sé sus nombres, pero los reconozco… a cada uno de ellos, aunque no pueda demostrarlo, sé que los conocí en su momento. Me pierdo, me pierdo… como la vela que hay en la mesita, como la butaca en la que me gustaba sentarme y ya no se acuerda de mí, ni yo de ella. Me pierdo, me pierden… Hay pájaros en el cielo, vuelan. Recuerdo la sensación de haber volado antes, quizás en un vuelo nocturno hacia ninguna parte, y es que ninguna parte es algún sitio, estoy segura, pero no recuerdo su nombre. Los pájaros vuelan, y tú… ¿tú eres María? No llores… intenté recordar otras veces que no te llamas María. Oye, María… yo no recuerdo, no puedo memorizar nombres, ni historias, no sé ni cual es el número de portal de mi casa. María… yo no te recuerdo, pero te estimo igual. Te escucho María… María, por favor, deja de llorar.
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jueves, 5 de enero de 2012
Tentación

Hoy quiero rock, whisky y mucho hielo. Quiero paso firme, mirada decidida y vestidos que me quiten el sueño. Esta noche necesito aire, ruinas, lunas que desnudar. En un bar de carretera busco botas de tacón con puntas de cuero, busco labios que raspen, que astillen. Besos que arañen. Nada de terciopelo.
Hoy quiero un cigarrillo en sus labios, y sal en las heridas. Quiero fantasía, que se cumplan todas mis expectativas. Un corazón frío, una falda hacia arriba. Tatuajes en su espalda, uñas rojas que desgarren mi espalda. Un aliento que no siga ahí por la mañana. Pero no hay uñas sin espalda, ni si quiera falda si no hay bar de carretera, y no hay cuentos de hadas sin hadas, y sin hadas ya ni si quiera hay frontera entre el fuego y tu mirada. Ya no queda gasolina en estas venas, la vida se pierde entre borracheras, entre espinas mal clavadas. Que me quemen sus medias, que se quite también la máscara.
Hoy no quiero que me de respiro alguno, porque algún respiro se quedará en mi cama. Y las sábanas esconderán mi piel cuando ya no me encuentre el alma. Y para cuando me la encuentre, entonces ya no habrá labios rojos, ni tatuajes en su espalda. Sólo habrá un cerrojo en mi mente, obstaculizándome la entrada. Y ya ni si quiera tendré yo la llave, porque la llave la tendrá la mujer morena que se fue de madrugada: aquella que no dijo adiós, ni hola, aquella que a penas dijo nada. Aquella que con su mirada desafiaba, aquella felina con labios de sabor a sangre humana.
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lunes, 2 de enero de 2012
Experiencia con un poco de hielo, por favor
Me dicen que soy un desastre, que no debo soñar tanto despierta, que hay que intentar equivocarse lo mínimo. Me dicen que estoy equivocada, que la vida se mira de otra forma, que hay que medir la felicidad por lo que tienes y no por lo que sientes. Me dicen que no hay mejor consuelo que un peluche, que no hay más pan que el de cada día. Me dicen que no puedo cambiar el mundo, que eso es de superhéroes, que es ficción y que no debo creer en ello. Me afirman que la vida no tiene sentido si la perdemos aprendiendo algo que otros ya han aprendido, que tengo que hacer siempre caso de lo que me dicen mis padres, que tengo que aceptar lo que me dicen que no haga para no pasar por malos tragos.
¿Que qué digo yo? Que no es verdad, que la vida es más que eso. Que lo que importa no es lo que tienes si no lo que vales, que hay que soñar tanto como se pueda, que hay que vivir siempre de acuerdo con lo que se quiere ser y que hay que tragar las malas palabras con un poco de hielo y una buena sonrisa. Digo que el mejor consuelo es un ‘lo siento’ a tiempo, y uno de verdad; que no hay peor pensamiento que el materialismo como forma de vida. Les digo que hay que ser real, y que ser real no significa intentar no equivocarse, sino vivir aún sabiendo que más de una vez te vas a tropezar. Solo así se llega a un punto, un momento en la vida, en el que ya caes con gusto, aprendes de las heridas, de la sangre que sale de ellas. Aprendes a ser lo que quieres ser, sin terminar de ser uno mismo.
Me dicen que soy demasiado inocente y yo les doy la razón, lo soy y me gusta serlo. Decidme, ¿hay algún problema con eso?
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