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La robótica humana

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Imagen extraída de la página web operamundi-magazine.com (Simon Shaffer)
A menudo, y casi sin esfuerzo, se dice que ser uno mismo es lo que nos convierte en lo que somos, humanamente hablando. Nos engañan, a mi parecer, diciendo que hay que buscar la manera de ser nosotros mismos, cuando es totalmente imposible ser del todo. Siempre nos faltará una mitad para completar el enigma, ese eslabón perdido entre el abismo del ser y no ser que nos acerca, más que al todo, a la nada.
Enviat per : Marina Morell
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Minutos de minimalía, segundos de inmensidad

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Imagen extraída del blog Mangas verdes (Manuel M. Almeida)
Ventana a través: sueños por doquier, pasadizos ocultos entre callejuelas mal diseñadas, sueños en el aire que huyen cuando los quieres atrapar. Un espejo que no miente, un alguien que cierra la puerta y no te deja entrar. Cajones con candado, recuerdos pensados a destajo, palabras que hablan sin hablar. Balbuceos inútiles, melodías indescriptibles que a todos nos da por soñar. Los gestos que no existen, las miradas que todo lo dicen, el matiz de lo que no se puede detallar.

Ventana a dentro: Despojos de incertidumbre, dudas que no se van, sonatas cadavéricas sonando al compás de un mundo en el que no nos dejan jugar. Castañuelas que se rompen, agujas que ya no cosen, gente que ya no es feliz al bailar. La minimalía de los minutos nos despoja las armas que van a matar y la inmensidad de los segundos… la inmensidad de los segundos nos resuelve el problema de la racionalidad.
Enviat per : Marina Morell
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Cenicienta no fue al baile

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Imagen extraída de la película Disney La Cenicienta
Te vi mirarme anoche, y la anterior… y la otra. Me pone nerviosa que me mires tan fijamente, como si no hubiera nada más importante que yo. Ahora también me estás mirando… y me pone realmente de los nervios, pero no puedo evitar que me guste que lo hagas.

Tú ahí, a lo lejos; y yo aquí, con mi vestido impecable. Me convirtieron en algo que desprecio totalmente; yo no soy esta muñeca con cien quilos de buenos modales y quinientos gramos de maquillaje, me han disfrazado entre todos… y yo no he dicho que no.

Sabes perfectamente que soy un completo desorden, pero parezco ordenada; entiendes que sea incomprensible en cuanto a discusiones se refiere, pero aún así sigues permitiendo que me enfade. Supongo que deberé estar guapa así; sino, no me lo explico. Soy una sombra con vestidito azul, pero nunca he sido princesa y de hecho tampoco me apetece serlo. Aún así, siendo tú el principito descolorido, puede que haga un esfuerzo por bailar contigo al final del cuento. Desde luego tú tampoco eres este muñequito galán que siempre he querido que fueras. Ya no me gustas de príncipe apuesto, prefiero que seas el desastre de hombre que me quiere pero no es capaz de invitarme a bailar. Prefiero que te quites el traje y te pongas tus pantalones de deporte, tus bambas con la suela medio despegada y me preguntes que si me apetece salir a pasear. Ese eres tú: un completo caos, un caso perdido… exactamente lo que me apetece encontrar.

No es cuestión de arrugarme el vestido tan pronto, pero por ti quizás lo haga. O puede, incluso, que me cambie de ropa y me ponga encima todo lo que soy: unos pantalones largos, unas Converse bastante sucias, y una camiseta escogida al azar con los ojos medio cerrados y el corazón medio dormido al levantarme. Yo no soy un vestido, soy un desastre; y como tal prefiero que me desees así, sin porcelanas de por medio, que valgo más que eso.

Y ya ves como son las cosas, me hicieron Cenicienta, pero hoy no he ido al dichoso baile. Al poco rato de llegar al gran salón donde supuestamente se celebra me he escapado de todo el mundo, y me he puesto a dar vueltas por los pasillos buscando una salida. He llegado a la puerta grande sin vestido ni peinado perfecto, he llegado en pantalones y hecha un estropicio. Con el pelo despeinado y el maquillaje corrido.

Unos segundos antes de abrir la puerta he pensado en ti, y he supuesto que mientras yo huía tú estarías bailando con otras muchas chicas mejores que yo, pero al salir de palacio te encuentro allá sentado, con tus pantalones de chándal y tus bambas medio rotas. Nunca te había visto más guapo en toda mi vida.
La gente nos mira, pero eso ya da igual. Me muestro ante ti como soy: desastrosa, sincera y terriblemente desarreglada; pero tú… tú no dejas de mirarme, y eso me encanta.
Enviat per : Marina Morell
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