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Las dos caras de una misma moneda

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Imagen extraída del blog Mi estrella de mar
Es curioso que a veces no sepamos ser nosotros mismos, no sabemos si es propio de nosotros y, rápidamente, cambiamos nuestros pensamientos, nos auto convencemos de que esa faceta, personal e íntima, que hemos descubierto no es natural, se sale de nuestra media solo porque nos sorprende, porque es extraño ‘viniendo de alguien como yo’ (típica frase que se dice para sentirnos un poco más nosotros, alejándonos de nuestras nuevas emociones). El problema es que sí que somos nosotros, que sí sentimos, y que sí es otra cara de la misma moneda. Esa parte puede mantenerse oculta por más o menos tiempo, pero tarde o temprano sale, y en vez de ‘corregirnos’ escondiendo todo indicio de novedad en nosotros, debemos aprender a convivir con ello. Yo también me he sorprendido conmigo misma, yo también he sentido miedo de no ser suficientemente yo por haber descubierto, en mí, otra forma de ver a las personas; pero el tiempo también me ha sorprendido, y me ha demostrado que sigo siendo yo, a pesar de lo nuevo que sea todo por cuanto estoy pasando. No es que sea extraño, ni diferente; es que tenemos que vivirlo con la tranquilidad con la que vivimos lo que llevamos haciendo desde hace tiempo, porque aunque no lo recordemos, nos sentimos igual de temerosos cuando empezamos a ser por nosotros mismos tiempo atrás.
Enviat per : Marina Morell
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Treinta y dos de Marzo

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Imagen extraída de la página web bandejadeplata.com (Carlos Fernández Castro)
¿Y qué soy yo sin ti? Un montón de frases sin terminar, sin decir absolutamente nada. En mi cabeza está todo, tus manos, tus ojos, tus abrazos. Tus risas y tus comentarios. A decir verdad, me miento muy a menudo, porque tengo miedo de echarte demasiado en falta. No es bueno, y vuelvo a ser injusta en todo lo que pienso, porque te pienso a deshoras y me arrepiento de no tenerte conmigo. Es injusto provocarte más dolores de cabeza de los que ya te he provocado; así que ya he pasado por la primera faceta del rechazo, que es el dejar de enviarte canciones, escritos; de contarte que te quiero y que me da miedo sentirlo. Ahora me guardo todo eso para no dolerte más, solo te muestro escritos que no dan pie a un nosotros, ni a un pasado que hemos creado los dos. No conviene desarmarte de nuevo, no, no... Cuanto menos te pienso, más vacía me siento; pero es que ya no me apetece pensar en ti. No es que haya otro hombre que me quite el sueño, y probablemente no lo haya hasta de aquí mucho tiempo; es solo que ya no me parece que tenga que molestarme en hacerlo, me has apuñalado demasiado, y en demasiadas ocasiones. Y me duele, de veras que me duele, pero hoy, y lo digo enserio, empiezo mi vida. Lejos de aquí, lejos de ti; como debería haber hecho hace mucho tiempo. Sin arrepentimientos y sin rencores, porque te quiero, pero ya no me dejas sin aliento. Hoy, día treinta y dos, me olvido de ti, y de tus puñales.
Enviat per : Marina Morell
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La mujer de campo se despide del hombre del sombrero de copa

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Imagen extraída del diario El mundo (Nir Elías)
He de admitir que ya nada volverá a ser lo mismo, porque esta vez seré yo quien se encargue de ello. Si tiene que funcionar, nosotros tendremos que ser distintos, y no me veo yo con muchas ganas de cambiar. Te quiero, por supuesto, y te esperaré durante mucho tiempo, sin duda alguna; pero eso ya no es importante para ninguno de los dos. Ni si quiera para mí.
Enviat per : Marina Morell
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El adiós en el aire y yo aquí

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Imagen extraída del blog AmoBdjoz (AmoBdjoz)

Días en el tiempo,
caricias en el viento
y yo sin ti, me muero
como versos en el tintero,
como los ‘ya no te quiero’
que escupimos porque sí.

Mentir por mentir
y seguir, del primero
de los besos que una vez te di
solo quedaron los silencios;
un ultraje al sin vivir
que, entonces, marcó nuestro recuerdo.

Y no es cierto,
que si estoy sin ti
reviento, que si fui
o no fui, ya no me entiendo;
y tantas veces me perdí
que ahora ya ni me siento.
Enviat per : Marina Morell
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Con mis razones a cuestas

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Imagen extraída de la página web atletas.info (Elvira Encina)
Esperaba verme sonreír cuando llegara este momento en el que nunca se cumple lo que pienso y ocurre lo que menos tengo en mente; esperaba entender que el momento adecuado aparecería cuando dejara de buscarlo; pero me he encontrado en el camino, una vez más, sin sonrisa y sin momento. Será que me he perdido durante tanto tiempo que ya solo soy capaz de encontrarme cuando ando perdida en el camino; muy en mi mundo, muy en el olvido. Que nunca es tarde para encontrarse a uno mismo, y que por más que me encuentre seré yo misma la que vuelva a entrar en el círculo cerrado de perderme siempre a cuestas, porque las bajadas son demasiado llevaderas.
Enviat per : Marina Morell
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Besos en el tintero

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Imagen extraída de la página web
es.123rf.com (Skyfotostock)
Dicen que febrero pasa como pasan las hojas de los árboles: heladas, secas... frágiles; que cuando llega lo arrasa todo, el sol, el ruido; los quebranta con un toque de sarcasmo. Los días son más cortos y las noches, más largas. Parece que este mes nos marcó otra despedida, otro fracaso del que he aprendido a levantarme prematuramente; aunque al principio sentí frío, mucho frío sin ti. A decir verdad, aún sigo helada por ese maldito Febrero, por esa noche tan larga y tan silenciosa que rompimos hablando sin tapujos para que no quedaran más besos en el tintero. El remitente de todas mis cartas desapareció esa misma noche, junto con las lágrimas que cayeron, calladas y tímidas, en tu hombro. Recuerdo un abrazo inigualable, un fuerte fuego que me obligaba a no soltarte, y unos ojos, qué ojos, que no paraban de mirarme. Mírame ahora, me fui sin ti, y cuesta decir nada cuando se ha dicho tanto. Al igual que esa noche, sigo replanteándome muchas cosas, como por ejemplo el hecho de haberte tirado de la lengua para cerrar otro capítulo de mi vida, o el hecho de haberte besado tan poco, después de haberte besado tantas veces. Cuanto más lo pienso, más fuerza veo en mí; y más aprecio te tengo por haber estado a mi lado hasta el último momento. Quizás nos supo a poco, pero cabe la posibilidad que aún me eches de menos; yo, desde luego, sigo pensando en ti. Es lo que me queda de todo aquello, un Febrero digno de recuerdo, y el tiempo que acarreamos hasta la fecha. Y aun cuando te miro de reojo para que no te des cuenta, la noche se ríe de mí, y los besos de aquel tintero salen a buscarme para recordarme como tus manos supieron sanarme con tan solo una caricia.
Enviat per : Marina Morell
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Cero en conducta

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Imagen extraída de la página web speak-up.co
Tu cero en conducta me domina en un nivel del ochenta y tres por ciento, eso confirma la regla de que cuanto más te busco menos das la cara por mí. No es que sirva de mucho seguir tras de ti, así que dejo que me concoma la ausencia de lógica que tienen mis pasos al seguirte, y por fin el corazón me da la razón: que ni si quiera le duele que ya no seas el mismo; que ya no llora aunque te siga echando de menos. Ten por seguro que un día te quiso por lo que fuiste; y ten por seguro también que, por como eres ahora, ha dejado de quererte. Que ya no muerdes, y ahora es él quien te araña. Y no es que me sirva esto de que ahora seas tú quien me sigue, es que yo ya he dejado de buscarte, porque me cansé de andarme con rodeos, y ya no doy vueltas al mismo sitio, por si te veo pasar por casualidad. No me busques ya, que ni tú estuviste acertado en tus palabras ni yo fui un ejemplo a seguir.
Enviat per : Marina Morell
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La princesa que hay en mí

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Imagen extraída de la página web es.123rf.com
Conozco la historia de una niña que no conocía el amor, que no conocía su propia historia; que no se conocía a si misma. Llegaba la mañana y aquella pequeña princesita se levantaba de la cama y se iba corriendo al baño, con la esperanza de encontrar en su espejo el reflejo de alguien que le aportara seguridad; alguien que le gustara de verdad. Día sí y día también esa niña se peinaba enfrente de su espejo, mas no lograba encontrar un aporte de brillo en su pequeña y fina figura aún enredada entre hilos de sueños e inocencia.

Los padres de aquella pequeña flor se sentían orgullosos de su hijita; ella era la alegría de la casa, aunque no siempre sonreía. Ellos, preocupados, creyeron conveniente mostrarle más atención, y obsequiarle con un pequeño peluche al que abrazar cada noche. La pequeña mujercita durmió noche tras noche entre aterciopelada piel de esperanza, mas sus labios entristecidos se sirvieron de cientos de lágrimas diminutas, que hicieron largo trayecto entre el rosado desierto de sus mejillas, para abastecer la sed de seguridad que ella no lograba encontrar en su reflejo. Un buen día, la niña despertó sonriente; como siempre se fue al baño corriendo a buscar el peine, mas no se miró en el espejo. Se fue directamente a su madre para que ella le cepillara el pelo y se lo dejara brillante y sedoso. La madre miró a su marido llena de felicidad, y comprendió que aquella niña, y la inocencia que desprendía, era lo que hacía de ella una pequeña flor que aún dormía entre cuentos de princesas de porcelana. Aquella niña había dejado de preocuparse por su reflejo, y empezó a preocuparse por el reflejo que causaban sus carcajadas en los ojos de sus padres, que lo dieron siempre todo por ella. Conozco la historia de una niña que conoció el amor, que conoció su propia historia; y se conoció, por fin, a si misma. Me perdí mientras me buscaba en un espejo, y me conocí en cuanto supe encontrarme en los ojos de aquellos que me querían.
Enviat per : Marina Morell
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Un último suspiro

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Imagen extraída del blog Suspiro mental (Zuu)
Me miras, te miro y se para el tiempo; se congelan las miradas, las manos; los segundos se cristalizan. Cuidado, no los vayamos a romper. Frágiles como el fuego congelado en nuestras pupilas, se perciben nuestras voces calladas por el suicidio de cada frase terminada en puntos suspensivos. Ya inmóviles, solo somos capaces de mirarnos en uno al otro, y aunque ya no muera por quererte a todas horas, y aún sabiendo que esto que desataste un día sin importancia se está apagando con mi amiga, la resignación; yo sé bien que siempre serás especial para mí. Nunca, nunca pienses que dejé de quererte; pero esta vez deja que sea yo quien me vaya.
Enviat per : Marina Morell
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