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Pidamos perdón al mundo

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Imagen extraída del blog Las flores de Camila (Camila Gutiérrez)
Démosle, al mundo, razones por las que mantenernos arropados en sus faldas. Digámosle que somos necios, que no aprendemos a penas de nada. Admitamos que nuestra sed de venganza nos ciega más que la ceguera de nuestra mirada. Seamos justos, por una vez, y busquemos la paz en los abrazos que son sentidos, y que no desgarran, a hurtadillas, el alma. Renazcamos de las cenizas, de la maldad de nuestro aura.

Escribamos en las paredes del alma que no hace falta rezarle a la nada, que el todo está perdido allá, en nuestro interior, porque siempre nos sobran las malas ganas. Y es que a veces no entendemos que no podemos alcanzar más a la vida porque aún hay muchas cosas que no nos bastan. De no ser así, quizás tendríamos más de un sol en cada ventana, y al menos una sonrisa que adornara cada hora que pasa.

Y es que, por desgracia, seguimos pensando más en la superioridad humana que en la vida que se nos regala. Qué triste es vivir sin compartir el alma, qué triste es mirar y no ver más que nuestras propias pisadas. El mundo no estaba lleno de llamas, devolvámosle todas sus mañanas. Que por cada una que robamos, ella fue perdiendo su brillo y su gracia.

Deshagamos las palabras y creemos, con ellas, nuestras propias mañanas. Lejos de todo lo que el alba no alcanza. Y que de un baño de agua salada nazca, en la vida, la melodía exacta para revivir a las plantas, que no hay más ritmo que el del mundo que todavía nos guarda. No destruyamos la única cosa que en realidad nos ama: la naturaleza, la mayor de las madres, nos cuida a todos los que andamos, nadamos o volamos de rama en rama.

Revivamos la calma; devolvamos, con respeto, la última mirada. Embarguemos las armas y regalemos, a la luna, dulces sonatas, lágrimas de disculpa al cielo en cada estrofa mal afinada y, al acabar, un silencio que, al menos por una vez, no diga absolutamente nada. Así, en silencio, y lejos de la oscuridad que nos acapara, no habrá más ruido que el de un corazón de sangre renovada.
Enviat per : Marina Morell
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Responsabilidades

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Imagen extraída de Educación plástica y visual ESO 1
Me dieron a escoger entre un camino de flores y uno de alambres. Escogí el de alambres. Y lo volvería a escoger.
Enviat per : Marina Morell
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El mundo que hay bajo mis ojos

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Imagen extraída de la página web ocio.uncomo.com
A ras de cielo, una luna entre alambres;
A ras de mar, marea baja;
A ras de tierra, pies hundidos, poesía.

A ras de uno mismo, ser cambiante,
ser transparente,
ser invisible pero dejar huella.
Enviat per : Marina Morell
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La cajita de música

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Imagen extraída del wordpress Música y Movimiento (Jose Manuel Acuña)
En la habitación hay cuadros, un armario empotrado, numerosas estanterías llenas de libros, cómics y peluches. Hay una cama tocando a la pared, y un escritorio al lado de ella, con una silla de color verde. En la mesa de estudio hay una lámpara, un despertador y muchos folios. Documentos, para ser exactos. Mucha letra y mucho mundo en tan poca superficie. Y allí, a lo lejos, un mueble de los cajones que sostiene la estantería. Está lleno de figuritas, algunas de ellas un poco especiales. Y allí, apartada, una cajita de música con la melodía de la niñez en su interior. Le doy cuerda a la cajita, y me canta, me encanta, la canción. Salgo corriendo de la habitación y me voy al baño, justo delante de la puerta de mi cuarto. Me miro en el espejo y vuelvo a ser el yo de entonces, el yo de esa cajita. Pelo rubio, ojos azules y dos palmos más pequeña. Con sonrisa de oreja a oreja, con alma de niña y el sentido de la vida recuperado. Y es que a veces se nos olvida lo importante cuando crecemos, y no recordamos que la vida está en las cosas pequeñas, en aquellos detalles como el volver a hacer sonar la cajita. Con ello, un hecho tan simple, se nos esboza, de nuevo, una sonrisita de niño pequeño. De esas tan tiernas, de esas tan humanas. De esas sonrisas que hacen plantear si el yo actual sigue siendo humano, o si en algún momento dejó de serlo.
Enviat per : Marina Morell
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Alzheimer

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Imagen extraída de la página web somospacientes.com
Ahora ya no recuerdo lo que era vivir, y no tengo muy claro si sigo viva, o si ya estoy muerta desde que ignoro la forma en la que paso las horas. Después de todo, no le puedo llamar vida a algo que no recuerdo, a pensamientos que tengo pero se me van a de las manos. No sé si para bien o para mal, no sé dónde voy, ni a donde va lo que no recuerdo. No recuerdo lo que digo, no sé si para bien o para mal, no sé dónde voy, y me pierdo... me pierdo. Ahora ya no recuerdo lo que era vivir, mis pensamientos se me van de las manos. ¿Manos? Eso ya lo he dicho… ¿no?. Ya no tengo claro nada, no sé si estoy o no estoy, porque desde luego no estoy para bromas, no estoy para juegos de palabras, y para palabras, las mías que se van, y no entiendo nada. Ya no tengo muy claro si sigo viva, o si he muerto después de todo. Aunque no recuerde la palabra ‘espejo’, cuando me reflejo en él me reconozco, pero no sé mi nombre, no sé quien soy, ni quien fui. No sé si fui algo para alguien, ni si quiera sé quién es ese alguien, no conozco su nombre. ¿Quién eres? No sé quién eres, pero siento estima sin entender porqué. ¿A caso eres familia? No me dejes sola, no sé qué digo. Y me vuelvo a perder… Ya no recuerdo lo que he hecho hasta ahora, me dicen que la palabra que estoy buscando es ‘vivir’, pero solo consigo recordar la palabra ‘morir’, y se desesperan por no recordar el detalle de vivir en vez del de morir, y me enfado, no es culpa mía, las cosas ya no tienen sentido. Y se hunden porque no sé sus nombres, pero los reconozco… a cada uno de ellos, aunque no pueda demostrarlo, sé que los conocí en su momento. Me pierdo, me pierdo… como la vela que hay en la mesita, como la butaca en la que me gustaba sentarme y ya no se acuerda de mí, ni yo de ella. Me pierdo, me pierden… Hay pájaros en el cielo, vuelan. Recuerdo la sensación de haber volado antes, quizás en un vuelo nocturno hacia ninguna parte, y es que ninguna parte es algún sitio, estoy segura, pero no recuerdo su nombre. Los pájaros vuelan, y tú… ¿tú eres María? No llores… intenté recordar otras veces que no te llamas María. Oye, María… yo no recuerdo, no puedo memorizar nombres, ni historias, no sé ni cual es el número de portal de mi casa. María… yo no te recuerdo, pero te quiero igual. Te escucho María… María, por favor, deja de llorar.
Enviat per : Marina Morell
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Tentación

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Imagen extraída de la página web picstoping.com
Hoy quiero rock, whisky y mucho hielo. Quiero paso firme, mirada decidida y vestidos que me quiten el sueño. Esta noche necesito aire, ruinas, lunas que desnudar. En un bar de carretera busco botas de tacón con puntas de cuero, busco labios que raspen, que astillen. Besos que arañen. Nada de terciopelo.

Hoy quiero un cigarrillo en sus labios, y sal e
n las heridas. Quiero fantasía, que se cumplan todas mis expectativas. Un corazón frío, una falda hacia arriba. Tatuajes en su espalda, uñas rojas que desgarren mi espalda. Un aliento que no siga ahí por la mañana. Pero no hay uñas sin espalda, ni si quiera falda si no hay bar de carretera, y no hay cuentos de hadas sin hadas, y sin hadas ya ni si quiera hay frontera entre el fuego y tu mirada. Ya no queda gasolina en estas venas, la vida se pierde entre borracheras, entre espinas mal clavadas. Que me quemen sus medias, que se quite también la máscara.

Hoy no quiero que me de respiro alguno, porque algún respiro se quedará en mi cama. Y las sábanas esconderán mi piel cuando ya no me encuentre el alma. Y para cuando me la encuentre, entonces ya no habrá labios rojos, ni tatuajes en su espalda. Sólo habrá un
cerrojo en mi mente, obstaculizándome la entrada. Y ya ni si quiera tendré yo la llave, porque la llave la tendrá la mujer morena que se fue de madrugada: aquella que no dijo adiós, ni hola, aquella que a penas dijo nada. Aquella que con su mirada desafiaba, aquella felina con labios de sabor a sangre humana.
Enviat per : Marina Morell
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