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La oveja y el lobo

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Imagen de Juan Carlos Blanco
No me gusta la estructura de la vida, es demasiado fácil. Homogénea. Aburrida, no tiene misterio. Y la culpa es de los jóvenes, por no salirse del camino. A mi no me gustan las reglas, las odio profundamente, siento que anulan mi creatividad, mi persona, todo lo que soy y lo que eso comporta. Para lo único que me valen es para romperlas, invalidarlas, reírme de ellas. Son absurdas a ojos de mi corazón. 

A veces pienso que soy rara, ¿soy la única que se da cuenta? La vida no está hecha para contar errores, sino para aprender de ellos, está para que te vayas por el camino largo, y te encuentres al lobo, y lo venzas o te muerda. La vida está para que a veces digamos que no, o para que por fin digamos que sí. ¿Que hay que hacer caso siempre? ¿desde cuando? ¡los humanos aprendemos del peligro que se nos presenta!

Cuanto más escribo más me doy cuenta de que soy muy distinta a la sociedad que me alberga, soy como la oveja negra del cuento, esa oveja a la que pocos entienden, y todo por tener alma propia. Pero no voy a caer ante la presión social, aprendí de ese error hace ya algunos años, cuando yo misma me enseñé el límite entre la amistad y las malas intenciones. Soy la oveja negra, no el lobo; y no me da miedo encontrármelo por el camino, si hace falta, nos desafiaremos con la mirada, y más todavía, si hace falta, le enseñaré los dientes.
Enviat per : Marina Morell
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