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La mujer serpiente

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Imagen extraída del wordpress Hilos Finitos
Qué fácil es imaginarte víbora por las noches, habiendo sido yo 
una de las muchas presas de tus piernas, complicadas enredaderas que asfixian, 
con gusto y elegancia, a cualquiera que rompa tus expectativas.
Sabiéndote mercenaria, debería haberme conformado con 
anochecer contigo, aun teniendo la certeza de que amanecerías en otro lado.

Qué irónico es recordarte bailando borracha en la habitación:
descalza, despreocupada. Con la botella de intenciones en la mano y el vaso de whiskey 
en la mesita de noche. Después de tantos encuentros resulta sencillo 
calcular todas tus trampas, pero cuando se trata de tu sonrisa, o de tu falda
o de ambas cosas se me antojan invisibles o carentes de importancia.

Cuán utópico resulta todo a estas horas de la mañana, ahora que adivinarte 
entre el colchón y las sábanas no es un juego divertido, 
ahora que pensarte no es más que un castigo por haber dejado
que tú, mujer serpiente, me mordieras la espalda e inyectaras en mí 
la droga de perseguir imposibles a cobro revertido.

A decir verdad, me llevó algún tiempo 
saber por qué te marchas, pero al paso de tu rutina sin horarios y sin treguas 
comprendo que cada tipo de vida tiene un precio, 
y el tuyo, según como yo lo veo, 
debe ser algo muy parecido a eso de mudar la piel.

Y lo admito. A veces no consigo ver más allá del mono que me entra al no verte 
por las mañanas; o del recuerdo inoportuno de tu pintalabios, que siempre
encuentro en mis camisas blancas, o del olor de tu pelo 
en mi almohada... es cierto, pero son esas estúpidas señales las que 
me cuentan que existes, aunque cuando me levante ni tú, ni tu whiskey, ni tu ropa sigáis aquí.
Enviat per : Marina Morell
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Amar a largo plazo

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Imagen extraída del wordpress magda1965.wordpress.com

Me quedo con tus idas y venidas, con las canciones vacías y el corazón contento.
Me quedo con las despedidas con rodeos que siempre nos dábamos, 
esperando levantarnos sin sentir el corazón arder.
Me quedo con la astucia de tus negaciones, siempre contradictorias,
y con mis ganas de darles la vuelta y desteñir los secretos de sus existencias.

Me quedo con morirme a cada paso, con querer quemarme contigo
sin que tú me dejaras. Me quedo con que sólo a veces descubría que mentías,
y me percataba de las ganas que tenías de que me acercara
dando tumbos a tu planeta, siempre tan desorbitadamente intrigante,
siempre tan aleatoriamente distante en cuestiones del amor.

Me quedo con lo que nadie más quiso quedarse, con tus ojos
clavados en las dudas, con tus fantasmas, con los monstruos de tu mente y
tus silencios, con tus noches infinitas, en las que te dejabas la vida por evitar pensarme. 
Me quedo con todos los intentos fallidos, con los inviernos y los saltos al vacío
a los que nadie más se quiso arriesgar.

Y si tengo que quedarme, me quedo contigo y con aquel anillo
de cordel que me regalaste, con el que me pediste que me comprometiera
no a estar siempre contigo, pero sí a siempre aceptarte y a querer
a tus demonios si no todos los días, al menos,
en cualquiera de sus fases.

Qué sentido tendría si no me quedara con el principio,
con todas aquellas historias que narraron a su paso el camino
que ahora resiguen tus manos en mi espalda, dibujando una boca llena de palabras
que algún día soltarías por accidente, siendo ese el más bonito de
los sin quereres que quisiste cometer.


Enviat per : Marina Morell
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Pequeños detalles

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Imagen extraída de la página revistanamaste.com
Cómo iba a saber ella de tu afición por ver la tele antes de acostarte,
o qué parte de la cama conquistas a regañadientes, tras 
haber perdido la guerra de almohadas adrede.
O qué sueño se te enreda en las pestañas cuando te despiertas adormilado,
justo antes de despeinarme a cosquillas.

Cómo iba a saber ella de qué parte estuviste en La Guerra de las Galaxias,
si te sentías Jedi o si, en algún momento, quisiste dejarte pervertir
por mis palabras y pasarte al lado oscuro de mis poemas,
donde la fuerza de atracción es similar a la de la luna y la tierra,
comparable a las noches de verano en las que nos buscábamos sin querer.

O qué fue lo que más odiaste en los libros de Juego de Tronos, o qué personaje,
o algo tan banal como qué deseo pides en tus cumpleaños.
Minucias, detalles de tu vida y de tus gustos,
como cuáles eran tus aspiraciones,
o tus inspiraciones, o cómo son tus suspiros, o cómo los absorbe mi mente.

Cómo iba a saber ella sobre tus sueños, agazapados entre las sábanas
de un hotel cualquiera en cualquier parte del mundo.
O acerca de la existencia de una mente ruidosa en tus silencios,
o qué es lo que queda de ti después de tanto tiempo, o cómo es
tu día a día, o cómo es vivir un día en tu piel por cada siete meses sin vernos.

Si ella nunca llegó a ser tu guerra de almohadas, ni tu conquista en la cama,
ni tu sueño entre las sábanas, dime,
cómo iba a saber ella, o ellos, o cualquiera que el amor nunca ha matado,
que eso es cosa de escépticos, que creen que envenena y no,
no podían saber de ninguna forma que amarte es distinto al amor que todos predican.

Enviat per : Marina Morell
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Los restos del naufragio

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Imagen extraída de la página web entretantomagazine.com (Elena Bargues)
Ayer se me ocurrió pensar
en cómo la vida nos atropella 
sin descanso, en cómo un instante
puede cambiarnos tanto,
sin quitarnos ese deje amargo
que nos recuerda lo que era
vivir sin a penas ser.

Es curioso ver
cómo un soplo
inclina el barco,
y cómo nosotros cambiamos,
siempre a merced
de las olas, tras cada
giro de timón.

Cómo las circunstancias
nos convierten en lo que somos:
malabaristas incansables,
comediantes,
monologuistas infinitos 
de un teatro llamado mundo
que pocas veces se deja morder.

Luego pensé en mí,
en cómo había sido
mi vida desde aquel
barco hundido,
desde el naufragio
de mi ser, siempre aferrado
a los restos del navío que fui.

Recuerdo que en ese entonces
alguien me dijo
que la verdadera fuerza
reside en uno mismo,
que la vida misma
es sólo
cuestión de voluntad.

Y tras ese golpe, que para otros,
hubiera sido el definitivo,
me alejé de mi navío,
aprendí a reírme de mis lágrimas,
a dejar el rencor en "El Hundido",
a perdonar a todos,
y a reinventarme a mi merced.

Algunos me llamarán loco,
pero creo que, a pesar de todo, 
la vida es un riesgo que hay que correr.
Enviat per : Marina Morell
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