La noche en la que
arañamos el colchón
de reproches compartidos
Se nos erizó la piel,
encorvamos la espalda
hacia atrás y resoplamos:
nos mató el dolor al mediodía.
negro como la desesperación,
fuimos presas del poema
que nos convirtió en alegoría.
Fuimos mala suerte,
somos el gato que muerde
la mano que da a torcer
el corazón, todavía.

