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Imagen extraída de freepik.es (Stockvault) |
Demasiados años para una misma pena: han faltado palabras y ha sobrado sangre. Demasiado vacío para un único verano, demasiadas tiritas para un mismo alfiler. Demasiado silencio para un mismo corazón, demasiada tumba para un solo cuerpo, y es que faltaron despedidas y sobraron argumentos. Tanta pena como para morir llorando, tanta impotencia como para ahogarse soñando; con los años aprendí que faltaron hombros y sobraron daños. Estampé el corazón entre una piedra y una espada, la verdad es que poco pude hacer para recuperar la calma. Faltaron manos tendidas, sobraron astillas clavadas. Descosí el pañuelo a base de noches desechas en mi almohada, llené cincuenta páginas de historias que nunca llegaron a contar nada; quién pudiera entender que, a veces, el papel encierra verdades jamás contadas. Sobraron idiotas, y me faltó coraje para decir adiós, para cerrar el cuento, este cuento que cierro seis años después con una sonrisa en la cara. Ahora lo que sobra son las canas.