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El reflejo, en el mar, de un cielo sin estrellas

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Imagen extraída del blog Frases (Fernando de Cabo Landín)
Solía preguntarme dónde quedaba el horizonte de mi mundo, dónde se encontraba el cielo; si ni si quiera podía contar estrellas en ese mar, azul oscuro, de lamentos escondidos tras cada milímetro de inmensidad. Solía preguntarme mucho... pero nadie, ni si quiera yo, podía responderme algo lo bastante lógico como para creérmelo del todo.

Cegada de impotencia, aniquilada por temerle al miedo y sentenciada por no quererme un poco más acepté que todas mis decisiones se desharían tarde o temprano. Decidí ser justa conmigo misma, y ya ves como han acabado las cosas: no soy ni justa, ni libre... tan solo pierdo el tiempo decidiendo cosas que tendré que volver a decidir más tarde. Asentí cuando me preguntaron si estaba dispuesta a dejar mi vida atrás como precio para llegar a tocar, con la yema de mis dedos, la felicidad que tanto busqué y, supuestamente, tenía delante. Asentí, pero se cerró el finiquito. Lo perdí todo aquella tarde: mi vida, mi pasado; y con ello no gané un futuro. 

La felicidad no existía, tal y como yo llegué a pensar tiempo atrás; pero por tener fe, por querer pensar que estaba equivocada y que realmente sí existía, perdí mi dignidad, mis sueños y mis errores. Entonces comprendí que hay precios que no deben pagarse nunca, porque nuestros deseos pueden llegar a ser tan ambiciosos que terminan por destruirnos a nosotros mismos.
Enviat per : Marina
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Un ángel, y su pena a rastras.

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Imagen extraída del wordpress Fannygemwong's Blog (Walter Faila)
Dicen que la vieron pasear sola, que las luces se apagaban conforme ella pasaba. Su pelo jugaba con el viento, y la oscuridad de la noche escondía el brillo que aún había en sus ojos grises. Ella era la mujer para muchos, menos para él. Él la detestaba, sus ojos la despreciaban cuando estaban a solas.

Aquel ángel de corazón anulado y felicidad inexistente no tenía alas, se las habían arrancado, le habían borrado toda razón de sonreír por ningún motivo, y la habían estado torturando más de cien noches con la misma escena metida en la cabeza. No la dejaban descansar.

Ella nunca dijo ‘no’, y ese fue su problema. Siempre asintió, nunca se quejó de ser menos, ni si quiera de que la pusieran por debajo de lo que ella merecía. Deseaba un trato digno, un cariño acorde con su buen corazón… pero al parecer no llegó nunca. Aún así, ella siguió esperando que la amara por lo que era, que la quisiera cuidar por ser diferente; pero él… bueno, digamos que no cumplió su palabra. Se dejó llevar por el miedo a que ella quisiera liberarse, o quizás simplemente se dejó envenenar por la desconfianza que le tenía, aunque ella hubiera permanecido junto a él por mucho, muchísimo tiempo. Ella lo quería más que a nadie, deseaba pensar que sus actos jamás la volverían a asustar. Se equivocó…

Y ahora la gente que la ve siente escalofríos, la ven pasear como alma en pena, perdiéndose entra la noche mientras se deja acariciar por la luna. Su cuerpo ya no tiene vida, está demasiado castigado como para seguir andando por iniciativa propia. Podría decirse que anda por andar, y que tampoco sabe hacia donde va. Se limita a salir por la noche, en silencio; sin que nadie la escuche, sin que nadie la piense. La ven pasar y alumbra un poco, el poco corazón que le queda sigue siendo bueno, o por lo menos ella se esfuerza para que siga siendo así. Al parecer la luz no dura mucho, solo le alumbra un poco el camino para que sepa por donde ha pasado, y por donde no tiene que volver a pasar.

Sentado en este banco poco puedo apreciar su rostro, pero sin duda sus ojos clavados en la nada y sus brazos colgando mientras la veo pasar dan un aspecto tan poco humano que asusta. Ella ha muerto, pero su corazón la mantiene con vida.

Verdaderamente es un ángel, y aún con tal aspecto es una de las mujeres más bonitas que he visto. Me ha sonreído, y su luz me ha alumbrado. Ahora vuelve a mirar al frente, y procura no desviarse del camino. 
Nunca se ha quejado de las injusticias que ha sufrido, y siempre ha sido culpable por no saber decir ‘no’ cuando debía. Sigue sufriendo, pero a su cuerpo ya le da igual. Llora por llorar, la he visto; porque ya no sabe si lo hace por terror o por vergüenza.

Tiene miedo, lo he notado en cuanto me ha mirado. Su sonrisa… su sonrisa era preciosa, aunque solo era un reflejo de su corazón; en realidad no estaba sonriendo, solo lloraba.

Volveré a esperarla aquí mañana, quiero verla pasar. Ella no puede ser encerrada, pero necesita que alguien le de calor, cariño. Que alguien le diga que es preciosa.
Lo haré yo…
Enviat per : Marina
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Tardes que se escriben por sí solas

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Imagen extraída de la página web thinkwasabi.com (Berto Pena)
Atardece nublado, lluvioso. Miro, ventana a través, los bancos pasados por agua y los árboles iluminados por los relámpagos que amenazan con destruir toda tranquilidad en esta casa. Desvío mi mirada, algo cansada por el tiempo que hace, mientras me caliento las manos con el vaso de Cola Cao que me dice entre humos: “qué tarde tan fría”. Doy un sorbo mientras trago, junto a él, el paisaje que se dibuja allí afuera. Las hojas revolotean con el viento, mientras éste sale corriendo despavorido por el trueno que amenaza con romperle su melodía. Sentada en mi cama, y desde la que puedo contemplar el cielo, descubro un color grisáceo un poco defraudante. Los colores parecen estancarse entre tan poco brillo, y las sombras son las reinas de las calles. Y allí, no mucho más lejos de aquellos bancos, un charco enorme reflejaba aquellas palmeras dignas de presenciar tanta belleza natural.
Enviat per : Marina
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