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Minutos de minimalía, segundos de inmensidad

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Imagen extraída del blog Mangas verdes (Manuel M. Almeida)
Ventana a través: sueños por doquier, pasadizos ocultos entre callejuelas mal diseñadas, sueños en el aire que huyen cuando los quieres atrapar. Un espejo que no miente, un alguien que cierra la puerta y no te deja entrar. Cajones con candado, recuerdos pensados a destajo, palabras que hablan sin hablar. Balbuceos inútiles, melodías indescriptibles que a todos nos da por soñar. Los gestos que no existen, las miradas que todo lo dicen, el matiz de lo que no se puede detallar.

Ventana a dentro: Despojos de incertidumbre, dudas que no se van, sonatas cadavéricas sonando al compás de un mundo en el que no nos dejan jugar. Castañuelas que se rompen, agujas que ya no cosen, gente que ya no es feliz al bailar. La minimalía de los minutos nos despoja las armas que van a matar y la inmensidad de los segundos… la inmensidad de los segundos nos resuelve el problema de la racionalidad.
Enviat per : Marina
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Cenicienta no fue al baile

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Imagen extraída de la película Disney La Cenicienta
Te vi mirarme anoche, y la anterior… y la otra. Me pone nerviosa que me mires tan fijamente, como si no hubiera nada más importante que yo. Ahora también me estás mirando… y me pone realmente de los nervios, pero no puedo evitar que me guste que lo hagas.

Tú ahí, a lo lejos; y yo aquí, con mi vestido impecable. Me convirtieron en algo que desprecio totalmente; yo no soy esta muñeca con cien quilos de buenos modales y quinientos gramos de maquillaje, me han disfrazado entre todos… y yo no he dicho que no.

Sabes perfectamente que soy un completo desorden, pero parezco ordenada; entiendes que sea incomprensible en cuanto a discusiones se refiere, pero aún así sigues permitiendo que me enfade. Supongo que deberé estar guapa así; sino, no me lo explico. Soy una sombra con vestidito azul, pero nunca he sido princesa y de hecho tampoco me apetece serlo. Aún así, siendo tú el principito descolorido, puede que haga un esfuerzo por bailar contigo al final del cuento. Desde luego tú tampoco eres este muñequito galán que siempre he querido que fueras. Ya no me gustas de príncipe apuesto, prefiero que seas el desastre de hombre que me quiere pero no es capaz de invitarme a bailar. Prefiero que te quites el traje y te pongas tus pantalones de deporte, tus bambas con la suela medio despegada y me preguntes que si me apetece salir a pasear. Ese eres tú: un completo caos, un caso perdido… exactamente lo que me apetece encontrar.

No es cuestión de arrugarme el vestido tan pronto, pero por ti quizás lo haga. O puede, incluso, que me cambie de ropa y me ponga encima todo lo que soy: unos pantalones largos, unas Converse bastante sucias, y una camiseta escogida al azar con los ojos medio cerrados y el corazón medio dormido al levantarme. Yo no soy un vestido, soy un desastre; y como tal prefiero que me desees así, sin porcelanas de por medio, que valgo más que eso.

Y ya ves como son las cosas, me hicieron Cenicienta, pero hoy no he ido al dichoso baile. Al poco rato de llegar al gran salón donde supuestamente se celebra me he escapado de todo el mundo, y me he puesto a dar vueltas por los pasillos buscando una salida. He llegado a la puerta grande sin vestido ni peinado perfecto, he llegado en pantalones y hecha un estropicio. Con el pelo despeinado y el maquillaje corrido.

Unos segundos antes de abrir la puerta he pensado en ti, y he supuesto que mientras yo huía tú estarías bailando con otras muchas chicas mejores que yo, pero al salir de palacio te encuentro allá sentado, con tus pantalones de chándal y tus bambas medio rotas. Nunca te había visto más guapo en toda mi vida.
La gente nos mira, pero eso ya da igual. Me muestro ante ti como soy: desastrosa, sincera y terriblemente desarreglada; pero tú… tú no dejas de mirarme, y eso me encanta.
Enviat per : Marina
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Florece en un desierto

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Imagen extraída de la página web mineral-s.com
Ya van muchas noches como la de hoy; horribles cada una de ellas, cada cual más insoportable. Desvelada, impotente, voy sumando madrugadas a mi condena; y la almohada ya rebosa de tanto compadecerse. Parece que no es suficiente con darlo todo, tengo que dar más que eso; mas todo lo que tengo se resume en Nada, y Nada tampoco es suficiente. Así es, vivo en un ‘tú primero’, esperando la última de la cola y dejando pasar siempre a la gente. Siempre soy la última, pero es porque me olvido de decir ‘oye, ese es mi sitio’. Quizás porque no he encontrado mi sitio aún, quizás porque soy fácil de complacer. Quizás, quizás… quizás. Lo pienso y reniego de mis pensamientos, no todo es irreversible; y aunque es cierto que lo doloroso sigue siendo dolor aunque lo sintamos en diferente medida, hay heridas que no curan… pero sí cicatrizan.
Enviat per : Marina
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