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Mi sirena de los charcos

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Imagen extraída de la página fashionthrill.com
Podría contarte que los charcos de las calles no son más que historias
llovidas anoche, mientras hacíamos el gilipollas – porque aquello no era otra cosa –
de pretender despedirnos sin besos, ni versos, ni cesura, o censura
en la séptima mirada, ni palabras enganchadas a tus pestañas
que hablasen del fuego que incendió las entrañas de un portal a oscuras.

Sin duda, la parte más complicada será aceptar que, con besos o sin ellos,
la poesía permanecerá, y que lo hará en nosotros, en todos y cada uno
de los bocetos donde aparecemos embarrados en la memoria
de todas las puertas del barrio; esas, que tantas veces han deseado
salpicarnos la vida que nos hemos andado robando.

Con un poco de suerte, quizás me atreva a decir en voz alta esta noche
lo que tantas veces he pensado contarte: que la única caligrafía que busco
es la de tu nombre enredado en mis sentidos, ahora que mi vida 
ha decidido regirse por tus puntos y seguido; 
aquellos, a los que siempre les queda algo por contar.

Puede que si me atrevo a desvelarte que incluso las señales de la N-II anunciaban 
la unión de nuestros carriles, se te enrede a ti también mi nombre 
en el subconsciente, y te digas a ti misma lo que ya te tengo dicho:
que lo tonto no es versar la vida a nuestro compás, sino 
haber descompasado tantas veces los versos que nos instaban a quedarnos.

¿Sabes? quiero pensar que tendré suerte, que en la última jugada sacrificarás el miedo 
y que juntos haremos Jaque Mate a los pasados alternativos, y que vendrás 
a verme en el descanso de las excusas para poder, ahora sí, besarnos, o versarnos, 
o reinventarnos, si lo prefieres. O desaparecernos del mundo, dejando nuestra historia 
escrita en los charcos que llovimos aquel día, como agradecimiento.
Enviat per : Marina
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El arte de arriesgarse

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Imagen extraída del wordpress El Principio de un Comienzo (David Asensio)

En la vida me han dicho muchas cosas, pero lo cierto es que nunca me las he creído del todo. He preferido comprobarlas por mí misma, siempre a base de ensayo y error. Y con el amor no iba a hacer una excepción. Lo he puesto a prueba durante seis años: lo he estresado, ahogado, le he dado tiempo. Lo he matado tres veces, lo he revivido cuatro. A veces, incluso, he querido pisotearlo, otras sentirlo y otras sencillamente disfrutarlo. Puedo deciros que no se ha roto, ni partido. Tampoco ha explotado. El corazón, claro, sí que tiene un par o tres de heridas de guerra, pero el amor, que es lo que nos ocupa, sigue de una misma pieza.

El amor es un cortocircuito perfecto de neuronas que eligen siempre lo más complicado. Dicen "vaya, ese sí parece un buen algoritmo". Y ya está. Te arañan el corazón y se suicidan. Y si quieres volver a funcionar es cosa tuya. Lo cierto es que es apasionante. Será cuestión de ciencia - de la que no entiendo -, pero es como si el mundo, o tú, o ambos hubierais cambiado de gafas, u os hubierais vuelto más ciegos. Es algo así como una descarga, como un desfibrilador que o bien te revive o bien te mata. Un constante desafío de pensamientos que vagan en una nebulosa a la que me gusta llamar triángulo de las bermudas, por aquello de perderse en el caos más desordenado y bonito que existe.

El amor es tantas cosas... Es el inicio, los fracasos, las dudas. Es incongruencia, estupidez, locura, desenfreno. Partirse por dentro. O deseo. Es dolor, incluso. Es tolerancia y respeto. Pasión, momentos, lecturas en común, afición a los videojuegos. Siempre he considerado que de lo que viene siendo el amor, sé poco; y de amar, muchísimo menos, pero sé lo que necesito saber, y es que lo único que puede matar a un amor de estas dimensiones no es la distancia, ni si quiera el tiempo. Somos nosotros: las personas y nuestro miedo a dejarnos solos durante tanto tiempo. Es la desconfianza la que mata, y lo hace tanto a distancia como viviendo en el mismo pueblo.

Opté, no. Optamos por arriesgar a doble o nada un amor de larga trayectoria. Irme diez meses a montarme la vida en otro lado suponía conocer a otras personas, despegarme un poco de la vida fácil, del cuento de hadas o de la burbuja de comodidad. Os aseguro que una historia es bonita cuando se tiene suficiente confianza como para hacer locuras como esta. Vivir fuera de casa no sólo suponía un reto, suponía también un sueño. Un sueño que esa persona me animó a cumplir desde el minuto cero, quizás más asustado que yo - que era la que me iba -.

Siempre se ha dicho que la distancia mata al amor, que es algo así como el demonio de los corazones. Que se los traga enteros y sólo deja los huesos de lo que fueron. Nosotros decidimos ser escépticos, y creer en los cimientos que otros habían tachado de ser imposibles, débiles. De mala combinación. Cuando pasa el tiempo uno se da cuenta de que el soplo de esas palabras no le hace ni cosquillas a la confianza. Convenimos en la idea de que el amor no es ideal, y que quien pretendiera vivir en el idealismo sería sólo un cobarde con miedo a descubrir una belleza más grande. Recordamos que lo nuestro sólo salió bien cuando dejamos de tener miedo a arriesgarnos, así que nos volvimos locos y yo me fui de viaje.

Diez meses han pasado ya y, ¿qué queréis que os diga? Ha resultado ser el mejor de los experimentos. Mezclamos en un vaso de precipitados la añoranza y el miedo. Con una probeta, vertimos el amor y lo hicimos arder a límites insospechados. A veces, he de admitirlo, nos quemamos. Vaya que si nos quemamos. Pero, ¿quién no se quema cuando juega con fuego? El dolor sólo es otra expresión del amor. Una expresión en tercer grado. Lo importante es que al fin lo hemos determinado: al amor nada le ha cortado el paso. Que no os engañen. La distancia no es un impedimento, lo son las personas. Aquí sí que no hay engaño. Y si no me creéis, bueno... siempre estáis a tiempo de comprobarlo.
Enviat per : Marina
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La mujer serpiente

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Imagen extraída del wordpress Hilos Finitos
Qué fácil es imaginarte víbora por las noches, habiendo sido yo 
una de las muchas presas de tus piernas, complicadas enredaderas que asfixian, 
con gusto y elegancia, a cualquiera que rompa tus expectativas.
Sabiéndote mercenaria, debería haberme conformado con 
anochecer contigo, aun teniendo la certeza de que amanecerías en otro lado.

Qué irónico es recordarte bailando borracha en la habitación:
descalza, despreocupada. Con la botella de intenciones en la mano y el vaso de whiskey 
en la mesita de noche. Después de tantos encuentros resulta sencillo 
calcular todas tus trampas, pero cuando se trata de tu sonrisa, o de tu falda
o de ambas cosas se me antojan invisibles o carentes de importancia.

Cuán utópico resulta todo a estas horas de la mañana, ahora que adivinarte 
entre el colchón y las sábanas no es un juego divertido, 
ahora que pensarte no es más que un castigo por haber dejado
que tú, mujer serpiente, me mordieras la espalda e inyectaras en mí 
la droga de perseguir imposibles a cobro revertido.

A decir verdad, me llevó algún tiempo 
saber por qué te marchas, pero al paso de tu rutina sin horarios y sin treguas 
comprendo que cada tipo de vida tiene un precio, 
y el tuyo, según como yo lo veo, 
debe ser algo muy parecido a eso de mudar la piel.

Y lo admito. A veces no consigo ver más allá del mono que me entra al no verte 
por las mañanas; o del recuerdo inoportuno de tu pintalabios, que siempre
encuentro en mis camisas blancas, o del olor de tu pelo 
en mi almohada... es cierto, pero son esas estúpidas señales las que 
me cuentan que existes, aunque cuando me levante ni tú, ni tu whiskey, ni tu ropa sigáis aquí.
Enviat per : Marina
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