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| Imagen extraída de turismovarsovia.com |
Después de haber paseado con cuervos por las
noches, de haberme perdido por las
salidas de los pasos inferiores y de haber
comprado gorros bonitos para ponerle
buena cara a los termómetros negativos.
Después de haber viajado
por Europa, de haber conocido tantos sitios,
culturas, historias y personas.
Después de haber aprendido a decir cześć!, merhaba! u hola en muchos otros idiomas.
Después de haberme atrevido a pronunciar
algunas de las paradas del autobús 109;
o de haber aprendido a decir przepraszam, quiero decir disculpe
- por el poema, ya mismo termino -. O de haber
podido comer truskawki – por dios,
di fresas
o no habrá quién te entienda – gracias a la mujer de la frutería de al lado,
a la que tanta ilusión le hacía enseñarme una
palabra nueva cada día.
Después de pedir los documentos supe que era
hora de abrir la maleta
y de llevarme conmigo la esencia de mi mala
pronunciación polaca a otra parte,
a un lugar donde los nombres de las calles se
me hicieran entendiblemente feos, allí
donde
na zdrowie no sea ya un brindis
por nosotros, sino por el recuerdo
de esas conversaciones que empezaron con piwa – con cerveza – en un pequeño bar.
Después de tanto tiempo una aprende a traducir
la ausencia que arraiga
en las señales de tráfico, aquellas que nos
alertaban ya desde buen principio
de que esta ciudad iba a ser la droga – o carretera – más bonita
por la que todos nosotros, algún día, decidimos pasar.
Después de tanto tiempo uno empieza
a darse cuenta de que conocernos ha sido el
accidente más necesario de todos.
Después de haber sentido tu frío astillarme la
piel a -24º con viento,
porque si no era con viento no te parecía suficientemente
divertido. Después de haber
batido mi récord de copas y capas de ropa y de
haberme liado de idioma
en esta lectura. Después de todo esto el caso
es que no me queda más remedio
que negarme rotundamente a decirte do widzenia, agur, adiós a ti también, mi querida Varsovia.

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