Imagen extraída del wordpress magda1965.wordpress.com
Me quedo con tus idas y venidas, con las
canciones vacías y el corazón contento.
Me quedo con las despedidas con rodeos que siempre
nos dábamos,
esperando levantarnos sin sentir el corazón arder.
Me quedo con la astucia de tus negaciones, siempre
contradictorias,
y con mis ganas de darles la vuelta y desteñir
los secretos de sus existencias.
Me quedo con morirme a cada paso, con querer
quemarme contigo
sin que tú me dejaras. Me quedo con que sólo a
veces descubría que mentías,
y me percataba de las ganas que tenías de que
me acercara
dando tumbos a tu planeta, siempre tan desorbitadamente intrigante,
siempre tan aleatoriamente distante en cuestiones
del amor.
Me quedo con lo que nadie más quiso quedarse, con
tus ojos
clavados en las dudas, con tus fantasmas, con
los monstruos de tu mente y
tus silencios, con tus noches infinitas, en
las que te dejabas la vida por evitar pensarme.
Me quedo con todos los intentos
fallidos, con los inviernos y los saltos al vacío
a los que nadie más se quiso arriesgar.
Y si tengo que quedarme, me quedo contigo y
con aquel anillo
de cordel que me regalaste, con el que me
pediste que me comprometiera
no a estar siempre contigo, pero sí a siempre
aceptarte y a querer
a tus demonios si no todos los días, al menos,
en cualquiera de sus fases.
Qué sentido tendría si no me quedara con el
principio,
con todas aquellas historias que narraron a su
paso el camino
que ahora resiguen tus manos en mi espalda,
dibujando una boca llena de palabras
que algún día soltarías por accidente, siendo ese
el más bonito de
los sin quereres que quisiste cometer.


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