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¿Quién sería yo
sin mi tontería
crónica de querer
tener a las personas cerca,
sin mis locuras
pasajeras y
mis
pequeñas estupideces.
Sin mis aires
cambiantes,
ni tintes
en el pelo,
sin mis decisiones
estúpidas, algunas
a corto plazo.
Sin mis pequeños
instantes en contra
de la norma de llevar
el cabello rubio
y el pensamiento
siempre dentro
de una bolsa?
¿Quién sería yo
sin mi intención
de vivir los daños
como hechos colaterales,
como riesgos calculados
de vivir intensamente,
de vivir como me place?
¿Quién sería yo entonces?
sino un completo desastre.


