El halo de mi ventana
me calas los huesos casi tanto como el frío por las mañanas, cuando el paraviento de mi chaqueta no funciona y los recuerdos encuentran la manera de filtrarse por los descosidos de mis excusas.
Quiero que sepas que estoy bien, que el sol calienta poco, pero que el frío me acaricia como si fueras tú. Puedo revivir nuestro diciembre una y otra, y otra vez como si fuera un juego sin despedidas, como si estuvieras aquí. Es divertido, incluso necesario. Recuerda que nuestra historia está anclada en el frío, en el círculo cerrado de los inviernos que nos quedan por compartir.
El invierno siempre vuelve, y tú con él. Qué suerte tengo.
La brecha de un descosido
La noche en la que
arañamos el colchón
de reproches compartidos
Se nos erizó la piel,
encorvamos la espalda
hacia atrás y resoplamos:
nos mató el dolor al mediodía.
negro como la desesperación,
fuimos presas del poema
que nos convirtió en alegoría.
Fuimos mala suerte,
somos el gato que muerde
la mano que da a torcer
el corazón, todavía.
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