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Retazos de unas manos viejas

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Imagen extraída de freepik.es (Stockvault)

Demasiados años para una misma pena: han faltado palabras y ha sobrado sangre. Demasiado vacío para un único verano, demasiadas tiritas para un mismo alfiler. Demasiado silencio para un mismo corazón, demasiada tumba para un solo cuerpo, y es que faltaron despedidas y sobraron argumentos. Tanta pena como para morir llorando, tanta impotencia como para ahogarse soñando; con los años aprendí que faltaron hombros y sobraron daños. Estampé el corazón entre una piedra y una espada, la verdad es que poco pude hacer para recuperar la calma. Faltaron manos tendidas, sobraron astillas clavadas. Descosí el pañuelo a base de noches desechas en mi almohada, llené cincuenta páginas de historias que nunca llegaron a contar nada; quién pudiera entender que, a veces, el papel encierra verdades jamás contadas. Sobraron idiotas, y me faltó coraje para decir adiós, para cerrar el cuento, este cuento que cierro seis años después con una sonrisa en la cara. Ahora lo que sobra son las canas.
Enviat per : Marina
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La sombra necesaria

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Dedico esta entrada a Ximo Segarra, creador de dos blogs ingeniosamente divertidos llamados Un planeta llamado Acapu y La rialla del riu sec. Fue él quien me propuso el tema de esta reflexión que podréis leer a continuación. Además, me ofreció su colaboración aportando la increíble viñeta que cierra esta entrada, y de la que estoy muy orgullosa. Sin más dilación, este es el resultado, 
¡vale la pena echarle un vistazo!

Soy perro viejo en el desierto, ya no me parece injusto el calor, ni respirar fuerte, ni vivir al margen de la ignorancia. Sé que la poca necesidad es el punto fuerte de una vida sacrificada, y que el corazón asume una fuerza incalculable cuando se trata de sobrevivir a base de bondad.

Hace tiempo que sé lo que es vivir a la sombra de un sol estipulado que ni si quiera alumbra de verdad, que va a base de bombillas y historias que todos se creen menos yo. Por eso sé que cada día es un esfuerzo, y que con esfuerzo se hace mayor la sombra, y que el cactus de un desierto, que siempre ha sobrevivido con poca agua, puede eclipsar al astro solar.

Cada día lo veo más claro, las sombras no son sombras, son la experiencia, el amor y el perdón, que han crecido siempre a escondidas del sol que quita la luz a los demás. Y las prefiero. Infinitamente. Porque aquellas que crecen puras, al margen de la mentira, son las que un día aportarán el cálido aroma del vivir, y no del sobrevivir.

ILUSTRACIÓN: Ximo Segarra, "Acapu"
TEXTO: Marina Morell, "Dina Royce"
Enviat per : Marina
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Canción de cuna

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Como el susurro de una noche en vela, una figura joven esperaba entonar su vida bajo un soplo de luz que resplandecía, ténue y aburrido, en una de las pocas farolas del puerto que no se habían fundido. La mujer vestía de rojo, su atuendo parecía caro, un Gucci, probablemente. A juego con el vestido, sus labios pintados de un rojo intenso marcaban el contrarste entre su tez clara y sus ojos verdes; y sus pendientes, largos y rojizos, que colgaban en forma de cascada, animaban la noche bailando un vals con su cabello oscuro. Esperaba de pie, incansable, como el cantar de las manos vacías, tal cual: sin abrigo, pasando frío, sintiéndose inmortal.

Imagen extraída de carloscarreter.com (Carlos Carreter)
No había redención para ninguno de los hombres que la pretendían cada noche, tampoco la había para ella. No conocía la dignidad ni concebía la imagen que daba al mundo; su oficio, el trasnochar, era lo único que la mantenía fuera de la miseria y, a la vez, lo único que la hacía miserable por dentro. Su único consuelo era entonar todas las noches una breve canción de cuna que escuchó una vez y que se aprendió de memoria:

La lluvia limpia y ensucia
al mismo tiempo,
                                     1
No dejes que en el suspiro
se pierda tu aliento
de esperanza.
                                     2
Los sueños son eternos.
Enviat per : Marina
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